Pacto Educativo Global

Fernando Castro Aguayo, obispo católico. La Asunción, Nueva Esparta. 13/03/2020

fcastroa@gmail.com

Requiere un compromiso profundo de los actores y promover un cambio de cultura: la educación es tarea de cada uno y de todos

Fernando Castro Aguayo, obispo católico. La Asunción, Nueva Esparta. 13/03/2020

La idea es de Francisco: está convencido de que la Iglesia y el cristiano deben incidir en todos los procesos de la vida personal y social y que la relación del hombre con la casa común es algo importante para vivir fraternalmente. En consecuencia, convoca a los actores principales de cambios para involucrarse en un pacto educativo global, que es la conjunción de todos los esfuerzos para que, de un modo muy creativo, se constituyan los ambientes adecuados para una educación inclusiva, de encuentro, de apreciar las diferencias y de fraternidad, y sobre todo que llegue a todos, especialmente a nuestra juventud.

Es un reto de unidad: promover una cultura educativa como tarea primordial de la familia, de las comunidades humanas, de la Iglesia y del Estado.

Para crecer en responsabilidad y servicio a Dios, a la familia y a la comunidad humana hay que hablar de “actores principales de cambios”. Estos son cualquier persona sensible a las necesidades de los niños, niñas y adolescentes, que son los últimos destinatarios de esa aldea global educativa. Aquí entran un padre, una madre, un maestro, un profesor, un líder comunitario, un comunicador, un miembro de una junta de condominio: cualquiera que pueda ejercer un papel rector, aunque sea mínimo y pueda generar sinergias en esa comunidad humana. Se requiere desarrollar una sana inconformidad y nunca agotar la educación en “lo formal”. La familia tiene un papel determinante, insustituible: sobre esto hay mucho que trabajar y madurar.

Se trata de sumar nuestras energías en atender la “emergencia educativa” que ya Benedicto XVI había expresado con dramatismo. Requiere un compromiso profundo en promover un cambio de cultura: la educación es tarea de cada uno y de todos. Es la conciencia que se vive “para servir a los demás”. Y qué modo más sublime de vivir que acompañar fraternalmente a todos en la tarea de educar. Cada uno puede involucrarse