PENSANDO EN LA REALIDAD DE LOS QUE MIGRAN.

Peggy Vivas

No soy educadora ni trabajo en institución educativa formal, sin embargo, a través de Cáritas del Vicariato Apostólico del Caroní, ubicado en Santa Elena de Uairén, hemos tenido un acercamiento a instituciones educativas públicas en las periferias de la ciudad, con el propósito de brindar apoyo a la alimentación a niñas, niños y adolescentes que, como sabemos, son los más afectados por las escasas posibilidades de nuestras familias de brindar lo que necesitan y desde la ventana del lado de afuera de las aulas puedo observar algunas cosas.

La vulnerabilidad de un grupo importante de niños, niñas y adolescentes es producida por la inmigración. Familias de otros estados o de otras ciudades del Estado Bolívar viajan a Santa Elena de Uairén buscando oportunidades en una región que parece prometedora, deslumbra por la minería y lo próximo a Brasil con lo cual los alimentos están asegurados y se le puede enviar comidita a la familia que queda en el lugar de origen. Pero esta población enfrenta varias dificultades: no es tan fácil encontrar el sustento ni dónde vivir, en el mejor de los casos logran ubicarse temporalmente con extraños, la mayoría llega a los lugares en barracas improvisadas, sin condiciones mínimas ni servicios básicos; se rebuscan en la economía informal, viven o más bien sólo comen con lo que hacen en el día. Estas familias también se enfrentan a la tristeza y depresión por estar lejos de los suyos; van generando relaciones desde la violencia explotando por el cúmulo de problemas que viven, y ¿quién no lo haría en estas circunstancias?

Este es el panorama familiar que viven muchos de nuestros niños, niñas y adolescente. Y en la escuela, aquellos que son inscritos porque existe un grupo desescolarizado, también advierten otro tanto de dificultades… Una de ellas es la falta de alimentos balanceados, faltando a una de las promesas de alimentar a los niños de la patria hecha por el gobierno. Cuando no hay comida en las escuelas (entre octubre 2019 y febrero de 2020 llegó sólo una vez, por el tiempo de Carnaval), algunos padres prefieren dejar a sus hijos en casa, así duermen hasta tarde y sólo les dan una comida al día. Dentro de las escuelas hay otras problemáticas: Personal docente que renuncia porque el sueldo no les da para mantener a su familia, o la ausencia frecuentemente de profesores justamente para procurarse el sustento; horario reducido de escuela (hasta las 10:00 am) cuando no hay alimento o agua para los baños; constantes suspensión de clases por un sin número de razones. Y hasta allí, desde la ventana no puedo ver otros aspectos propios del quehacer en el aula, como el tipo de educación que se da y cómo están aprendiendo los educandos.

En Santa Elena, entre las escuelas el trabajo hacia el futuro que se aprecian como buenos están relacionados con actividades ilícitas, porque son éstas las que generan ingresos (trabajar en la minería o con venta de gasolina). ¿Dónde quedaron aquellas hermosas ilusiones de los infantes de ser maestros, médicos, bomberos? Hoy el ser profesional no es llamativo para nuestras nuevas generaciones, “¿para qué estudiar?, si es mucho trabajo y con eso no se vive”, es lo que argumentan algunos, por cierto, ya en el bachillerato se observa abandono escolar de un grupo, los más grandecitos se van a la mina. También nos podemos preguntar en esta generación de peregrinos, ¿cómo incorporar esas  rutinas, cumplir horarios, crear hábitos, tener metas, terminar lo que se empieza?

Seguramente me dirá el lector, pero desde esta ventana todo se ve negro, ¿será que no hay alguna cosa colorida? Ciertamente, nuestra tendencia es a destacar lo negativo. El color se lo ponen el personal docente, administrativo y obrero a pesar de todo, son nuestros héroes y heroínas que luchan contra corriente y con verdadera vocación deciden ir a las aulas día a día. También son flores coloridas la alegría, ilusión, espontaneidad, manera diferente de ver las cosas que tiene esta población infantil, que nos sorprenden con sus ocurrencias y manera de ver las cosas. De seguro hay muchas cosas más que no las alcanzamos a ver.

Ante este panorama surge la preocupación sobre el desarrollo a todo nivel de nuestras niñas, niños y adolescentes; y es que todos los derechos básicos (alimentación, salud, educación, identidad…) se les están mezquinando por decir lo menos. En estas condiciones de migrantes, el desarrollo integral de esta población que transita de un lugar a otro está bien comprometido y en ellos se compromete también los adultos del futuro que levantarán sus familias y el país.

Esta realidad nos desafía. Estas circunstancias nos exigen pensar en una educación que responda a lo que vive esta población, poner el foco en nuestro niños, niñas y adolescentes, y todos unirnos en esta tarea, no sólo es trabajo de la escuela. También exige mirar más allá de la ventana, pensar en el tipo de educación a ofrecer, ¿qué habilidades promover y desarrollar?, ¿qué podemos rescatar desde la educación?, ¿cómo devolver la ilusión en la primera infancia de ser como alguien que tiene alguna profesión de servicio?, ¿qué necesitamos ir construyendo desde lo que hay ahora?, ¿cómo integrar a estas familias y qué enseñarles a ellas?, ¿qué generar en las aulas de clase para poder desarrollar al máximo a estos educandos?, ¿qué otros actores vincular para trabajar juntos, en red, para ofrecer oportunidades? Y otras preguntas que de seguro tú te harías.

Sería muy interesante unir esfuerzos para pensar en un plan educativo que propositivamente busque favorecer a las niñas, los niños y adolescentes que vienen de otras localidades, contemplando también lo que el Papa Francisco propuso en su mensaje para la Jornada Mundial de los Migrantes de 2019: acoger, proteger, promover e integrar a estos educandos, cuidando sus necesidades a partir de su realidad de inmigrantes. Sin dudas, los docentes hoy más que nunca en nuestra querida Venezuela son de los profesionales más importantes y más necesarios, ¿cómo podremos también fortalecerles y ayudarles? La educación en estos días debe ser prioridad de todos, porque todos los niños de Venezuela son nuestros hijos.