Cuando la esperanza trasciende todo

Ginette Gutiérrez, vicerrectora de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA). 

En muchos momentos de nuestra vida, solemos expresar nuestros estados de ánimo ante cualquier situación sobre venida;  pero cuando estamos ante circunstancias que pueden poner en riesgo la vida  o  afectar  la paz familiar, podemos actuar bien sea guiado por el temor o con la certeza que Dios nos acompaña en la prueba.

Esta reflexión es, para que nos detengamos un momento a analizar ¿cómo me comporto ante las realidades que enfrento a diario?, dejo que me abrumen o sencillamente hago lo correcto que es enfrentar con calma y cordura el momento. Quizás pudiese considerarse que es muy sencillo expresarlo; pero no, entonces ¿qué hacer cuando estas situaciones rompen con la estabilidad del hogar, de la pareja, de la sociedad, del  mundo?; por duro que sea nos toca poner en práctica todo lo que la misma vida nos ha ido enseñando, como por ejemplo: socorrer al que necesita ayuda, orar con fe a Dios por su protección, consolidar los valores de la honestidad, el respeto mutuo, la tolerancia, el servicio, entre otros.

Ante la pandemia del Coronavirus ¿qué hacer? primero no desesperarse, porque el temor nos ciega y no nos deja ver las opciones para enfrentar el riesgo que deriva; a nivel mundial y nacional se han generado un sin fin de recomendaciones  para contrarrestar  o evitar el contagio; por demás está decir que se deben cumplir todas estas medidas, con la mejor disposición de preservar el bien propio y el de los demás. 

Esta realidad experimentada a nivel mundial con efectos muy desafortunados, nos obliga a  actuar con responsabilidad en la sociedad; por ejemplo en el hogar (la primera escuela) se deben fortalecer los valores esenciales para convivencia sana, los padres tienen una responsabilidad mayor que es ayudar a los hijos a entender qué pasa, preservando en ellos la calma y la salud mental. Es un buen momento para rescatar las acciones de convivencia familiar; esta situación ha motivado la recuperación de las relaciones familiares, como: fortalecimiento de las normas de convivencia, la escucha, responsabilidad compartida, respeto mutuo, reconocimiento de las necesidades del otro; por decir los rasgos más evidentes. Sin duda, se ha atacado al individualismo, se nos ha invitado a ser más observadores de nuestras acciones individuales para evitar que vayan en perjuicio de la familia y por ende de la sociedad.

La humanidad necesitaba un orden interno y un cambio drástico de nuestras acciones, posiblemente ha sido dura la lección que estamos aprendiendo, y como la historia también ha develado que ante situaciones similares podemos renovarnos, es el momento para centrar nuestra esperanza en Dios que trasciende todo y transforma todo.

La esperanza sustentada en la fe y en la confianza en Dios nos dará la fortaleza necesaria para abrir el entendimiento y sopesar toda angustia y dolor, con paz y calma. Como lo manifestaba el Papa Francisco en su bendición especial para concedernos la indulgencia plenaria, “debemos  abrazar las contrariedades del tiempo actual y reavivar la esperanza… debemos tener nuevas formas de fraternidad y solidaridad… solos no podremos salvarnos, necesitamos acompañarnos para resistir el mal que nos invade” y cierro esta reflexión meditando las palabras de su Santidad, para salir fortalecidos debemos abrimos y abrazar la esperanza, en nuestras manos está renacer ante una nueva sociedad más justa y humana.