EL DESAFÍO DE LA IGLESIA DOMÉSTICA

Reflexiones en torno a la educación en la fe en tiempo de pandemia y de templos cerrados

María Irene Nesi fma

María Irene Nesi fma


La llegada de la pandemia nos encontró a todos haciendo cualquier cosa que considerábamos importante, sin pensar en la gravedad de lo que acontecía y las tremendas consecuencias que vendrían sobre la cotidianeidad.

En esta afirmación está incluida la Iglesia institución, como gustan llamarla algunos para dirigirse a obispos y sacerdotes. También a ellos los tomó desprevenidos. Ya el domingo 16 de marzo, algunos alcaldes y gobernadores celosos de su autoridad mandaron cerrar algunos templos, luego los obispos asumieron esta responsabilidad pensando en una medida transitoria… y lo que se creyó que duraría dos semanas, pasa de doce semanas…

Se activaron las redes… comenzaron los grupos de chat en todos los medios disponibles para comunicarse. Los padres se preguntan cuándo recibirán los sacramentos sus hijos. En las escuelas, sobre todo en las católicas, los maestros pensaron como continuar con la ERE o algunos hasta con la catequesis. Entonces a crear actividades on line para suplir los encuentros y además, como con las otras tareas escolares, implicar a la familia.
Entonces se volvió a una imagen, conocida pero a la vez descuidada: familia Iglesia doméstica. Sí, ante el cierre de los lugares de culto, se invitó a recordar que cada familia es-está llamada a ser Iglesia doméstica. Entonces la creatividad se volcó a elaborar no solo actividades sino a proponer altarcitos domésticos, oraciones en familia, lecturas bíblicas comentada para las familias… como si quinientos años de historia no hubieran pasado y el régimen de cristiandad que trajo España con la colonia siguiera vigente y lo único que haría falta es proveer de recursos para que la familia asuma su identidad cristiana.

Pero hay una realidad que se sigue ignorando: en el pueblo quedan elementos de piedad (religiosidad) popular que se van ritualizando cada vez más perdiendo su contenido cristiano para quedar en la forma y la imagen. La descristianización progresiva que viene afectando a toda América Latina en distinto grado, de forma ineludible afecta profundamente a nuestro país, unida al pluralismo religioso y la conciencia de la privatización de lo religioso cada vez más desvinculado de lo confesional institucional. De forma contundente afirma el texto de Aparecida: tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable. (DA 286).

En este contexto, resuenan claras las reiteradas llamadas del papa Francisco: hoy necesitamos una Iglesia en salida misionera, llamada también para quien en la educación vive su compromiso de discípulo misionero. Aunque larga, la cita del texto nos describe la llamada cada día más ineludible a esta salida, y en tiempo de desinstalación de las estructuras conocidas, es más que pertinente:

No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en nuestro Continente. (DA 548)

Se abre un nuevo panorama con nuevas preguntas y las respuestas requieren de la misma novedad que la situación. Se ha acusado demasiadas veces a la Iglesia de ofrecer respuestas incomprensibles a preguntas que ya nadie se hace. Este receso obligatorio obliga, no solo a empezar a producir mensajes con todos los recursos de las nuevas tecnologías, sino a escuchar el clamor callado que brota del corazón de hombres y mujeres que perdieron el sentido, totalmente desarraigados y desalojados de su propia interioridad.

Ahora se puede plantear el problema que hoy está desafiando la acción evangelizadora de la Iglesia: cómo llegar a la familia para que viva su vocación de Iglesia doméstica: este fenómeno nos interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento a ellos para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental, de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano. Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable. (DA 286)

La conciencia misionera que se renueva en este tiempo, ha de llevar a buscar caminos de primer anuncio, de proclamación kerigmática, ya que la manera actual de educación en la fe y el crecimiento en la vivencia cristiana, no dan los resultados esperados: O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. (DA 287)
Es necesario descubrir el sentido profundo del anuncio misionero y kerigmático, no solo a nivel de persona a persona, sino de la familia también, si de veras se la quiere convocar a su misión derivada de los sacramentos celebrados, ser Iglesia doméstica.

PARA LA REFLEXIÓN:
¿Cómo responder al clamor de las familias que han perdido el sentido cristiano de la vida y se encuentran impotentes ante los retos de educar a sus hijos en la fe y en humanidad?
¿Qué puede ofrecer el educador que asume su vocación de discípulo misionero para dar sentido y respuesta a la necesidad de Dios en la vida?

Caracas 01 de junio de 2020

Por la Paz del Mundo

Yanira Bocaranda / Conductora y Productora de Radio
Boconó Estado Trujilo Venezuela

Yanira Bocaranda

Siembra sonrisa a tu alrededor, siembra dulzura, amistad, sacrificios, siembra paz toda tu vida, y recuerda que el que siembra luz de esperanza, recogerá calor y amor. Al mundo no lo cambian los que lo critican, sino los que obran en él su generosidad, su entusiasmo, su entrega y su sacrificio.

Queremos la paz en el mundo, pero será imposible implementarla si primero no reina la paz en nuestra patria, y esta se fundamenta en la paz en los hogares, pero no se puede pretender la paz en la familia si cada uno de nosotros no goza de paz interior. 

Hoy debemos ser las manos que alivian, los ojos que orientan, los brazos que ayudan, las mentes que crean soluciones. Sumergirse en el mundo, para cambiar sus estructuras injustas, creando nuevos ambientes que posibiliten y faciliten la vida del mutuo amor.

Nuestro programa de vida debe ser dar felicidad a los demás. Debe ser hermoso llegar al final de nuestra vida teniendo conciencia de que nos hemos consumido por el bien de los demás. Dios nos da a todo un corazón noble y generoso, grande como el horizonte, para que colaboremos en la construcción de un mundo mejor.

Reconstrucción del Pacto Educativo Global: Valentía de invertir las energías con creatividad y responsabilidad

Erinson de Jesús Bustamante
Coordinador del Equipo animador de la Pastoral Universitaria
Psicólogo en PROFAM-FUNDANA
Voluntario en Espacio Anna Frank
Miembro de la Comunidad Misionera de Cristo Resucitado

Reconstruir sin duda alguna requiere de valentía, es decir, de fuerza, salud y vigor; son cualidades fundamentales. En este sentido, lo plantea el Papa Francisco en su invitación a la Reconstrucción del Pacto Educativo Global, el cual precisa de instituciones y acciones valientes y cohesionadas, capaces de producir vida desde la educación, a partir de su energía, de su fuerza vital. Ahora bien, si hemos tenido la valentía de poner en el centro a la persona –primera valentía-, desde la mirada de interconexión e interdependencia; podremos reconocer nuestra energía, nuestras capacidades, dones, recursos y talentos e invertirlos, de modos favorables para el bien común.

Sin duda alguna, vivimos una realidad mundial y nacional de permanentes crisis y cambios, enfrentamos una continua metamorfosis de distinta índole, como señala el Papa Francisco (Mensaje del Pacto Educativo Global). Nos encontramos continuamente y de formas muy drásticas a la realidad de la existencia: todo cambia, nada permanece. Ante ello, podríamos percibir muchas amenazas y riesgos, sin embargo a la par también encontramos oportunidades y posibilidades infinitas; no contrapuestas, sino en unidad, es allí donde reconocer nuestra energía momento a momento encuentra mayor sentido para transformar la realidad que vivimos, haciéndonos cargo de ella. Y el mundo educativo nos desafía en este sentido.

¿Por qué entonces está invitación a invertir las energías con creatividad y responsabilidad? ¿Qué sentido tiene esto para reconstruir el Pacto Educativo? 

Ante esta realidad del día a día, que nos muestra una emergencia educativa clara, es preciso que podamos entonces asumir la invitación del Papa Francisco en la Reconstrucción del Pacto Educativo, desde lo que somos y tenemos, asumiéndola con la responsabilidad que a nuestro rol corresponde, haciéndonos cargo de aquello que está a nuestro alcance, y con creatividad, de modo que haya una permanente producción,  creación, novedad, desde la certeza, que se pueden hacer nuevas todas las cosas.

Reconocer las propias fuerzas y energías, es clave, pero lo fundamental es que estas se sumen a las de otros, pues “para hacer un pacto, de hecho, se necesitan dos o más personas diferentes que decidan comprometerse en una causa común. Existe un pacto cuando, manteniendo las diferencias recíprocas, se decide utilizar las propias fuerzas al servicio del mismo proyecto” (Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Frecuentemente solemos valorar nuestros esfuerzos cuantitativamente y según expectativas no siempre congruentes a la realidad. Sin embargo, “utilizando bien el propio espacio de libertad se contribuye al crecimiento personal y comunitario: «no hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre producen frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente»” (Laudato si’, n. 212, cp. Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Y he aquí una perspectiva desafiante ante nuestro aporte educativo a la transformación social: «La educación es el momento que decide si amamos lo suficiente al mundo como para responsabilizarnos de él y salvarlo de la ruina (Hannah Arendt, cp. Instrumento laboris del Pacto Educativo Global). Vale la pena preguntarnos ¿Cómo expresamos nuestro amor a la sociedad de hoy desde el ámbito educativo?

Desde esta perspectiva de este amor manifestado en obras y en inversión creativa y responsable el Papa Francisco nos señala: “Un cristiano que se cierra en sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado, es un cristiano… ¡no es cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado! Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción —nosotros estamos en el tiempo de la acción—, el tiempo de hacer rendir los dones de Dios no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los demás; el tiempo en el cual buscar siempre hacer que crezca el bien en el mundo. Y en particular hoy, en este período de crisis, es importante no cerrarse en uno mismo, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, estar atentos al otro…. ¡No enterréis los talentos! Apuesten por ideales grandes, esos ideales que ensanchan el corazón, los ideales de servicio que harán fecundos vuestros talentos. La vida no se nos da para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos da para que la donemos… ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!” (Audiencia general 24/04/2013)

Ahora bien, mirando nuestra realidad individual, educativa y social ¿Cuál es la fuente de mi energía? ¿Cuáles son mis recursos, dones y talentos? ¿Dónde y de qué modo puedo invertirlos hoy? Preguntarnos permanentemente contribuirá que podamos hacernos cargo de la realidad presente, creando desde la novedad de la Buena Noticia. Nos anima la esperanza del evangelio, porque quien ha sido fiel en lo poco, se le confiara más (Lc 16,10).

Todos somos emigrantes. Todos estamos aquí de paso.

Christopher Díaz, Ingeniero/Docente

Instagram: @elprofeliz/ Correo: chrisdanield@gmail.com

Una polémica decisión… En este constante dilema de quedarnos o de emigrar y buscar un “futuro mejor en otras latitudes” hemos visto como nuestro país se ha fracturado o desmoronado en muchos aspectos: económica, política, social, cultural y moralmente, esperando que un milagro ocurra de la noche a la mañana y nuestra realidad cambie instantáneamente.

Los que decidimos quedarnos, algunas veces somos cuestionados por aquellos que se fueron, los cuales de una otra forma han aprovechado las oportunidades de mejoras que otro país le está ofreciendo. ¡Muy bien por esos valientes! No obstante, muchísimas personas que optamos por quedarnos a pesar de vivir en cierta “anarquía controlada”, apostamos a un cambio integral como sociedad. Mientras llega ese empoderamiento, nos toca aceptar lo que no podemos cambiar (por ahora). Siendo así, es importante tener en cuenta que todo tiene su inicio y su fin, y que durante este proceso de letargo (con acentuada desmotivación) sigamos luchando por nuestras metas personales, familiares y profesionales.

Quedarse o irse del país, tal como lo he escuchado de algunos que se fueron, resulta “polémico “: dejarlo todo y comenzar desde cero en otro país; pero también lo es quedarnos y seguir viendo como poco a poco se degrada nuestra calidad de vida; aunque para esto último, signifique estar acostumbrados a lo que tenemos y por ende no salir de nuestra zona de comodidad.

Ahora bien, los que decidimos quedarnos no nos queda de otra que dejar de lado el pesimismo y tratar de auto motivarnos para seguir “haciendo país” con lo que tenemos, así como ha habido una fuga importante de cerebros, también se ha quedado gente valiosa que ha decidido continuar a pesar de las adversidades. Las crisis son buenas para sacar lo mejor de nosotros y aunque nos resignemos muchas veces, es mejor ver el vaso medio lleno (en lugar de medio vacío o lo que nos falta) y por otro lado, creo que ayuda más ver la vida bajo esta premisa bien conocida: no hay mal que por bien no venga. Entonces pensemos en qué podemos ayudar, ¿cuál sería el aporte que puedo dar a mi país? ¿Podemos volvernos parte de la solución? Creo que sí… ¡Todo suma!

Saquemos y demos lo mejor de nosotros. ¡Te amo Venezuela!

Gracias por leerme.

Jesús Maestro, enséñanos a mirar

José Antonio Tolosa, sacerdote católico. Valle de la Pascua, Guárico.  @tolocam

El Evangelista Lucas nos invita a contemplar a Jesús como el maestro que nos enseña a mirar la vida de manera totalmente nueva, aun en las peores circunstancias. Es en el pasaje llamado el Camino de Emaús. (24,13-35). La comunidad simbolizada en las dos personas que van de camino, terminan mirando y asumiendo de manera completamente diferente todo lo que ellos  ya creían conocer,  acaban aprendiendo a ver todo de nuevo.  Todo cambia para ellos sin que externamente nada haya variado aún.  

Cambia en ellos la manera de interpretar  lo sucedido. Su forma vieja de asumir los acontecimientos les hundía como personas y como comunidad; experimentaban el abandono porque no eran capaces de reconocer la presencia del Resucitado que está caminando a su lado y está siendo testimoniado por las mujeres,  por el camino (por la vida) se detienen afligidos, muere en ellos la esperanza porque hace tres días (tiempo completo)  que fue asesinado el liberador, creían conocer al Nazareno y estaban seguros de su destino fatal, lo que ha sucedido aniquila la fe y la esperanza que había dentro de ellos.  Por eso no queda más solución que resignarse en lo antiguo y regresar a Emaús, al pasado conocido y seguro. 

A mitad del relato el catequista Lucas nos enuncia lo que ha logrado el Maestro, “Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…” y para acentuar que es una experiencia interior, una lección que se aprende desde dentro, que lo indispensable es dejarse abrir los ojos del alma por el Maestro Jesús para asumir los vicisitudes por muy complicadas que aparezcan, termina diciendo “Pero él desapareció de su vista.” 

Necesitaron aprender a creer de nuevo, precisaron conocer, ahora sí, a Jesús de Nazaret, porque sus convicciones profundas no eran suficiente para asumir el presente con integridad. El Maestro les fue iniciando en  su propia experiencia honda; “Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura  se refería a él”  

Para permitir que Jesús el Cristo nos alcance en nuestra situación vital es necesario hacer memoria viva de su vida entregada y de su resurrección, asimilar su talante y  comulgar con su espíritu, celebrar su vida en la liturgia superando el ritualismo.  Al igual que a los de Emaús, una luz interior nos permitirá reinterpretar la vida, de tal manera que será  nuestra mirada “iluminada” la que nos defina y no los acontecimiento exteriores.  Es descubrir que en nuestro interior arde la luz de la presencia acompañadora del Resucitado que se ha hecho experiencia vital. 

Sólo así estaremos capacitados para salir al mundo aportando lucidez, paz y esperanza, aun cuando las noticias no sean muy alentadoras.  Desde esa claridad y crecimiento interior nuestro compromiso social será construcción de auténticas dinámicas humanizadoras.    

Los de Emaús regresan convertidos en personas nuevas, con convicciones que les capacitan en un mundo impregnado de dificultades  a interpretar los hechos desde un talante esperanzador;  el caminar y escuchar al  Maestro y el compartir el pan con él ha sido la escuela para reconocerle vivo entre ellos.  ¿Estamos dejando que el Evangelio eduque nuestra interioridad? ¿Estamos educado para la interioridad?  Nuestras tradiciones, rituales y devociones ¿priorizan el crecimiento interior? O ¿una ritualidad mágica? ¿Cuáles son los ojos interiores que necesitamos para interpretar esta realidad de hoy?  Y la primera pregunta del Maestro; ¿De qué van conversando por el camino? Ponle nombre a lo que sientes y a lo que ves, junto a Jesús vamos a aprender a mirar todo de nuevo.  

RECONSTRUCCIÓN DEL PACTO EDUCATIVO GLOBAL: LA VALENTÍA DE PONER A LA PERSONA EN EL CENTRO

Carmen Amelia Reyes L.

Carmen Amelia Reyes L.

Una de las ideas más resaltantes del mensaje del papa Francisco en la convocatoria del Pacto Educativo Global es, la esperanza sostenida de que un mundo mejor es posible a partir de la construcción y el trabajo tesonero de convertir al mundo en una Aldea de la Educación, además nos dice que esto será posible a través de nuestra capacidad de construir relaciones humanas y abiertas, basadas en la escucha paciente, el diálogo constructivo y la mutua comprensión, como actitudes involucradas en el desarrollo de nuestras prácticas educativas y relacionales en todos los espacios.

Además de esto el papa nos habla de una triple valentía o coraje que nos servirán para profundizar en nuestra capacidad de pactar con el otro o con los otros; “existe un pacto cuando reconocemos al otro, diferente de nosotros, no como una amenaza a nuestra identidad, sino como un compañero de viaje”( Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global), es necesario entonces que asumamos la vivencia de estas valentías como un estilo de vida que nos permita emprender el viaje junto a otros hacia el horizonte de la Reconstrucción del Pacto Educativo.

La valentía de poner a la persona en el centro parecería una pretensión de asumir al hombre como centro de todo, tal como lo identifica el  antropocentrismo,  pero basta con recordar las palabras de Jesús “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” Mt 25,40; por lo tanto la valentía de poner a la persona en el centro implica reconocer a la persona como un lugar en donde Dios habita, un lugar teológico, reconociendo a Jesús en el otro, es un nuevo modo de vivir y relacionarse a partir de la propuesta del Evangelio.

Y nos preguntamos ¿Por qué valientes? ¿Por qué tener coraje para asumir este compromiso? la valentía o el coraje no implica solamente lanzarse hacia lo profundo del mar sin saber nadar para probar o demostrar que no se tiene miedo, la valentía implica tener el reconocimiento de nuestras propias capacidades para afrontar con arrojo los desafíos de la existencia. El Papa Francisco nos invita en el pacto educativo a asumir esta valentía de poner a la persona en el centro porque a partir de ella podríamos reconocer al otro como parte de mi propio proyecto personal que luego, transitando junto a otros reconociéndolos como compañeros de viaje, se convierte en un proyecto para la humanidad.

En la encíclica Laudato Si´, se insiste en que “Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” LS 91. Para ejercer este amor sincero por la humanidad se requiere de valentía, para amar al otro y para entender que toda esta conexión no se refiere sólo al ser humano, se refiere al ser humano y al conjunto de elementos que conforman el medio ambiente, al conjunto de elementos que conforman la naturaleza en esta Casa Común que nos acoge y a la cual estamos invitados a cuidar, se comprende bien en este punto el vínculo profundo que existe entre la encíclica Laudato sí’ y la iniciativa del Pacto Educativo. Se trata de tomar conciencia con coraje, que la crisis ambiental y relacional que estamos viviendo puede ser afrontada dedicando atención a la educación de quienes mañana estarán llamados a custodiar la casa común.

Las relaciones en los ambientes educativos tienen este mismo principio, no son relaciones unidireccionales marcadas por el estatus o la autoridad, más bien, la calidad de la educación depende de la relación que se establece entre quienes tienen responsabilidades educativas, “no podemos ignorar que el discurso sobre la centralidad de la persona en cada proceso educativo corre el riesgo de volverse sumamente abstracto si no estamos dispuestos a abrir los ojos a la situación real de pobreza, sufrimiento, explotación, negación de posibilidades, en la que se encuentra gran parte de la infancia del mundo y sobre todo si uno no está dispuesto a hacer algo” (Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global). Como lo expresa Papa Francisco, es necesario actuar siempre conectados con la cabeza, el corazón y justamente las manos.

A propósito de esta valentía el papa se expresa de este modo «no pueden ignorar que todo en el mundo está íntimamente conectado y que se necesita encontrar – a partir de una sana antropología – otros modos de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. En un itinerario de ecología integral, se debe poner en el centro el valor propio de cada criatura, en relación con las personas y con la realidad que la circunda, y se propone un estilo de vida que rechace la cultura del descarte» (Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo).

Es nuestro compromiso a partir de la vivencia de esta valentía de poner a la persona en el centro:

  • Propiciar espacios educativo que respondan a la «llamada a crear una “ciudadanía ecológica”» (Laudato si’, n. 211), estos espacios pueden convertirse en un instrumento eficaz para construir, en una perspectiva a largo plazo, una sociedad más acogedora y atenta al cuidado de los demás y de la creación. Educar es un servicio a la sociedad en su conjunto que al educar se renueva.
  • Configurar la educación como punto de encuentro para reconstruir una trama de relaciones entre las diferentes instituciones y realidades sociales: para educar a un niño es necesario que dialoguen en función de un objetivo común la familia, la escuela, las religiones, las asociaciones y la sociedad civil en general.
  • Comprender nuevamente a la educación como un camino de formación de las generaciones más jóvenes y, al mismo tiempo, como una posibilidad de revisión y de renovación de toda una sociedad que, en el esfuerzo de transmitir lo mejor de sí misma a los más jóvenes, discierne su propio comportamiento y eventualmente lo mejora.
  • Rescatar el papel de la familia como primera socializadora y educadora, verdadera escuela de humanidad, de donde surjan sujetos con una visión y consciencia crítica del mundo, capaces de transformar su entorno.

¿Cómo puedo vivir en mi cotidianidad esta valentía de poner a la persona en el centro? ¿Qué me impide o le impide a la humanidad asumir una mirada amorosa al ser humano? ¿Qué signos reconozco de que hay una intención de poner a la persona en el centro?

FORO-CHAT CON LOS DOCENTES DE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS DE LA SALLE SECTOR VENEZUELA

Caracas-. El departamento de educación del  Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano realizó el día jueves 14 de mayo del presente año en el marco de la semana lasallista, se llevó a cabo  el Foro-Chat “Hablemos sobre la Reconstrucción del Pacto Educativo”, un espacio abierto a la familia De La Salle en Venezuela con el fin de hacerlos partícipes de la invitación del Papa Francisco, tratando de converger valientemente invirtiendo todas las energías de forma responsable y creativa para lograr el sueño de una aldea educativa en todo el país.

 El encuentro fue bajo la plataforma de  WhatsApp, participaron alrededor de 70 personas entre ellos hermanos de La Salle y docentes de todos los niveles, algunos de ellos con funciones de coordinadores o miembros del equipo directivo. Además provenientes de las distintas instituciones educativas de la congregación en el sector Venezuela.

La Licda. Carmen Reyes Directora del Departamento de Educación del SPCEV;  afirmó que cualquier cambio comienza por la educación, tratando de buscar juntos las soluciones iniciando procesos de transformación sin miedo. Es urgente asumir un compromiso personal y comunitario haciendo alianza que se concierne en hacer realidad un humanismo solidario. Es necesario sumar esfuerzos para seguir apostando por la educación en el país.

Se expusieron los objetivos de la Reconstrucción del Pacto Educativo en Venezuela facilitado por el Licdo. Giclis Santamaría coordinador del Programa de Formación Docente de la Pastoral Educativa del Departamento de Educación. Planteó que con el propósito de convertir a Venezuela en una aldea de la educación es necesario hacer convergencia que nos lleve a una alianza que favorezca el desarrollo de todos los componentes de la persona. La educación es un misterio de servicio al hombre y al mundo, un proceso dinámico que dura toda la vida de la persona y de los pueblos, recoge la memoria del pasado y se proyecta hacia el futuro; por esto la presencia de la Iglesia y de los educadores católicos es indispensable en la nueva evangelización, sin duda alguna el futuro de la humanidad está en quienes sepan darle a las generaciones futuras razones para vivir y razones para esperar como lo ha dicho el Vaticano II.

La propuesta del Pacto Educativo no es solo para educadores sino es incluir a todos los actores educativos. Es motivar y concienciar que todos somos responsables de formar hombres y mujeres de bien. En la actualidad hay muchos desaciertos solo queda en nuestras manos forjar el futuro y mirarlos desde otra perspectiva. Es una tarea difícil la que estamos viviendo, es una experiencia para todos pero tomados de Jesús Maestro podemos buscar alternativas para llegar a los más necesitados. Es un compromiso y en servicio que debemos seguir. Es ahora el momento de detenernos y reinventarnos.

Finalmente  como manifestó la docente Rosa Guerra, es importante considerar que San Juan Bautista De La Salle, trabajó en tiempos muy difíciles pero muy parecidos a los que enfrentamos en la Venezuela de hoy; simplemente desde su pedagogía fue logrando una mejor educación hasta construir la institución de la que hoy somos parte; teniendo como principio la fraternidad, la fe y el servicio hacia los más desfavorecidos.

¿Una parroquia misionera en salida para los nuevos tiempos?

Algunas ideas para la reflexión

Santiago León, sacerdote católico. Altagracia de Orituco, Guárico

Pbro. Santiago León

Hoy tenemos unos nuevos tiempos no solo por el cambio de época y la época cambiante, donde: la globalización, la secularización, la inmediatez y la cultura digital son referentes fundamentales, sino también por la pandemia que estamos viviendo. Realmente estamos ante unos nuevos tiempos donde el Espíritu Santo revolotea y se mueve invitándonos a discernir lo que Dios quiere decir a su Iglesia.

Hacernos los sordos y no preguntarnos qué desafíos nos proporciona esta nueva época. Responder de una manera inadecuada a los retos que tenemos hoy. Satanizar lo que vivimos y no inquietarnos para buscar y encontrar derroteros que respondan adecuadamente a los clamores de nuestro pueblo es perder nuestra naturaleza de ser Iglesia.

Nuestra Iglesia venezolana, con gran ardor, en estos últimos meses, se preparaba para la II Asamblea Nacional de Pastoral. Un ambiente de organización y participación se evidenciaba en la realización de las asambleas parroquiales, arciprestales o zonales y diocesanas. Hasta las fechas de las asambleas provinciales ya se tenían. Todo un itinerario de reflexión en sinodalidad para hacer conciencia de la necesidad de una parroquia misionera en salida para los nuevos tiempos, lo que nos animaba a la resignificación de la eclesiología de comunión para la misión. 

Pero, este nuevo tiempo, al ponernos en cuarentena, nos llevó a interrumpir este  proceso y  a  buscar acciones, para como siempre lo ha hecho la iglesia, ponernos al servicio de la sociedad, del  que más  nos necesita.

De allí  descubrimos la fuerza de los nuevos areópagos, por lo que tomamos los medios de comunicación y las redes sociales. Es impresionante como en nuestro país, hay verdaderas parroquias virtuales, mensajes, eucaristías, reflexiones, oraciones y un sin fin de iniciativas. 

Esta acción ha hecho surgir la eclesiología, la pedagogía y la pastoral de la comunicación. Sin embargo sería oportuno preguntarnos

¿Qué estamos visibilizando en los medios?, ¿A caso una parroquia que lo único que sabe hacer es tener actos de piedad?, ¿Una parroquia que sigue siendo clerical?, ¿una parroquia que se alegra porque  los curas despertaron  tomando los medios? ¿No será qué hemos caído en la tentación de ser  una  parroquia mediática, encerrada en los medios para no escuchar lo que el Espíritu nos está diciendo?

Escuchar los susurros del Espíritu es un acontecimiento Fontal que nos lleva a eclosionar los pilares de la parroquia misionera en salida. 

1. Koinonia

 La misión tiene unas notas identitarias que alcanzan su plenitud en la misma misión de Dios.  Contemplar esta  misión es ir a la Trinidad y  encontrar en ella: 

a) La universalidad del Padre en su obra creadora, el mundo como escenario  de su amor y la casa común como ternura de Dios.

b)    La salvación integral del ser humano en el Hijo.

c)    La esperanza, la alegría,  la comunidad  y los carismas en el Espíritu Santo.

Ante  estos aspectos hemos de preguntarnos ¿El qué estemos ante una pandemia nos ha permito hacer conciencia de la fraternidad universal, de la necesidad de la unidad? ¿En nuestros mensajes y acciones hemos, como ha pedido el Papa Francisco, hecho presente la ternura de Dios? ¿Estamos presentado a un Cristo vivo que no solo es oración? ¿La comunicación de nuestra esperanza se vuelve signo de alegría, no solo con lo que decimos sino con lo que hacemos, o estamos solo diciendo y no haciendo nada? ¿Desde la creatividad estamos descubriendo los nuevos ministerios y carismas que Dios está haciendo surgir?

La petición de quedarnos en casa nos permite volver a la comunión primera, a la Iglesia doméstica, a la experiencia artesanal de la fe, a buscar formas de acompañamiento que superen lo mediático para que la familia recupere la fuerza de la unidad y entrando en la comunión salga a la misión, pues es entrado como podemos salir.

2. Kerigma 

Una parroquia misionera en salida asume sin vacilación el proceso evangelizador (kerigma- Catequesis- Pastoral) y cuando está ante lo sobrevenido no traiciona su proyecto, al contrario convierte sus estructuras personales y pastorales para vivir en fidelidad a Jesús, su misión. 

¿Con lo apoteósico de hacernos presente en los medios, estamos generando procesos de primer enamoramiento, de primera conversión que provocan una adhesión a Cristo, una búsqueda de profundización en fe que lleve al compromiso cristiano? ¿Pensamos que toda la piedad que ahora ponemos en  el oído de las familias es un primer anuncio? ¿Estamos invitando a tomar conciencia del amor vivificador de Cristo muerto y resucitado? ¿Qué estamos mostrando, acaso un testimonio de entrega, de servicio por amor a Dios? ¿Nos ocupa  y nos preocupa como dejar grabado varias eucaristías para tener los mensajes de la semana? ¿Nos angustia que nuestros niños no estén recibiendo la catequesis y por eso, sentimos la necesidad de volver a un catecismo de preguntas respuestas para luego hacer un examen y darles la primera comunión cuando pase todo esto? ¿Las áreas de pastoral, los grupos y movimientos apostólicos en cuanto que no pueden reunirse quedaron eliminados o han encontrado la forma de convertir sus estructuras para anunciar el Reino de Dios? ¿Ante tanto anuncio hemos creado espacio para la escucha paciente, para compartir las penas y esperanza de nuestro pueblo? ¿Qué medio quiere antes que hablar escuchar?

3. Diakonía 

En la parroquia misionera en salida resuena la voz de Jesús. “no he venido a ser servido sino a servir” el gesto de Jesús en la última cena de lavar los pies se convierte en una iconografía que recuerda lo que hemos de hacer. Esta imagen ha de ser el Nazareno con el que tanto nos identificamos. 

¿Ante la crisis estamos encontrando modos, medios para darnos aun cuando corremos riesgos como el mismo Jesús? ¿Cumpliendo con las normas de salud estamos saliendo no solo por los medios sino por nuestra propia casa para mostrarnos disponibles a la caridad? ¿Nuestras parroquias están generando acciones de servicio para los más necesitados, la solidaridad solo llega por WhatsApp? ¿Estamos con valentía defendiendo la verdad, resguardando la dignidad de la persona? ¿La pastoral social, las Cáritas parroquiales, con sus heroísmos, han encontrado senderos de solidaridad? ¿Hemos pensado en la subsidiaridad de la familia?

4. Liturgia

La parroquia misionera celebra la fe, se nutre de la actualización del misterio pascual, vive consciente y fructuosamente la Eucaristía. La comunidad parroquial abre sus oídos a la Palabra de Dios para entrar a la escuela del maestro y ser discípula. Una parroquia misionera encuentra siempre nuevos dinamismos y ministerios para celebrar los misterios de la fe.

Hoy  con solo un clic y a toda hora podemos, como ya lo afirmamos, encontrar celebraciones de la Eucaristía y actos de piedad ¿Pero no será necesario que esos momentos den espacio a las celebraciones familiares, donde lo fructuoso y consciente libere a las celebraciones de la tentación del espectáculo? ¿Con ese nuevo incienso de la imagen, de lo didáctico no debemos además de las celebraciones en los medios generar nuevos encuentros celebrativos, nuevos ministros que trascienden a la comunión espiritual? ¿No hace falta ante un pueblo tan acostumbrado a tocar, unos signos que le ayuden a vivenciar la fe y a dar razones de su esperanza?

Como podemos evidenciar tenemos más preguntas que respuestas, pues no se trata  con estas ideas de dar respuestas sino de generar un proceso de reflexión que nos permita responder con la vida lo que nos provoca responder con palabras. Sirvan estas líneas para provocar tal reflexión.

Samaritanos en tiempos de pandemia

Marisa Romero, Misionera de Cristo Resucitado. Buenos Aires, Argentina. 

Estamos viviendo en una “guerra donde el enemigo es invisible”. Y resulta increíble ver cada día como un virus tenga tanta fuerza de propagación y destructividad. De pronto cambiaron nuestras costumbres y hábitos porque a través de todos los medios se nos dice que debemos obedecer a reglas y consejos que nos enseñan desde cómo lavarnos correctamente las manos hasta permanecer en nuestras casas en modo CUARENTENA.

La vida es antes y después del COVID19

Hemos salido de nuestras propias fronteras las que nos encierran para dar rienda suelta al consumismo y a todos los placeres. El dolor del otro nos grita y pide que derribemos los  muros de nuestros egoísmos y miremos a los costados sin pasar de largo. Se impone aquí recordar el pasaje evangélico del samaritano.

Aquel hombre que tirado a lo largo del camino, mal herido,  visto por tres hombres dos de ellos representantes de la enseñanza religiosa de la época de Jesús  cumplidores estrictamente  de la ley. Dieron  un rodeo y siguieron de largo. 

Pero un samaritano extranjero sólo fue capaz de conmoverse y se detuvo para curar al herido. Pienso en esta escena ante el contexto mundial que nos toca vivir en estos días.

Donde los que están al frente de la batalla son sin duda nuestros médicos y personal sanitario como también otros tantos servidores públicos. Ellos están cuidándonos y arriesgando su vida.

Como cristianos también estamos llamados a entregar la vida…El maestro ya nos dio la lección hace más de dos  mil años y nos  mostró el camino a seguir. Nos llamó amigos “Si hacemos lo que el nos manda”. Y este mandato nos tiene que sacudir para no pasar de largo en la universidad, en la parroquia, el trabajo y las escuelas.

 Citando a nuestro Papa Francisco:“la naturaleza de la Iglesia”, que no es “una fortaleza cerrada”, sino “una tienda de campaña” capaz de “agrandarse para recibir a todos”: es una Iglesia en salida, “una Iglesia con las puertas siempre abiertas”.

 Te invito a que pensemos juntos. ¿Qué nos implica hoy en nuestros ámbitos ser samaritanos? Nuestras universidades, colegios y familias son tiendas de campaña? Qué miedos tenemos en esta coyuntura de vulnerabilidad para ser iglesia siempre de puertas abiertas?.

La Mutua comprensión.

Por David Miguel González P.

Compartiré algunas reflexiones para acercarnos a identificar lo que el Papa Francisco desea alcanzar en el Pacto Educativo al señalar la necesidad de renovar la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión, este último aspecto es sobre lo que vamos a reflexionar. Que el Espíritu Santo nos asista y busquemos juntos las soluciones, iniciemos procesos de transformación sin miedo y miremos hacia el futuro con esperanza. ¿Aceptas la invitación de ser protagonista de esta alianza, asumiendo un compromiso personal y comunitario para cultivar juntos el sueño de un humanismo solidario, que responda a las esperanzas del hombre y al diseño de Dios?

La mutua comprensión es tanto un aspecto intelectual como emocional que se da a través de diversos mecanismos humanos, partiendo de una valoración emocional del otro, entender sus acciones y a partir de ello crear estrategias para responderle. Y esta respuesta puede ser muy variada, sin embargo, solemos polarizarla entre compartir o no su postura, como también mostrar desinterés. Es un proceso mutuo.

Dentro de la complejidad de los procesos básicos psicológicos y de acuerdo al legado del Psicólogo y profesor de la UCV Armando Gil Navarro (2007), en algunos casos el proceso psíquico desencadena un determinado comportamiento es decir, la conducta se inicia porque existe un estado psicológico previo. Entonces para alcanzar la mutua comprensión es importante resaltar que ambas partes poseen un estado psíquico inicial que podría originar conductas esperadas o adversas. De otro modo, hay procesos que surgen como consecuencia de la conducta y el aprendizaje es un ejemplo claro. Por lo que podemos aprender a comprendernos.  A su vez, existen procesos que pueden actuar como orientador de la conducta dirigida hacia una meta o como mantenedor de la fuerza de la conducta hasta que la persona alcance la meta: la motivación, la atención y la percepción son ejemplos claros de este proceso. Lo que nos lleva a reflexionar que, para alcanzar la mutua comprensión exige lo mejor de nuestras capacidades intelectuales, emocionales, conductuales y también espirituales.

Entonces, significa que las partes han de identificar que esta interacción entre procesos transcurre en cada uno de los comunicantes. Siempre en una interacción.

Este proceso de valoración es la actitud, la cual demanda maneras de estar dispuesto a comportarse u obrar. Como constructo psicológico y de carácter evaluativo la actitud media entre los sujetos que interactúan y que supone que están interesados en su mutua comprensión. Entonces, la intensidad o la fuerza de la actitud, como he dicho mediará en este proceso para alcanzar la mutua comprensión; por tanto, dependerá de la importancia de la actitud para cada participante, de la intensidad de la evaluación con la que lo hacen, el conocimiento sobre aquello sobre lo cual valoran y el modo en el que la persona facilita la activación de la actitud en la otra persona. Pero, ¿Para qué nos sirve la actitud? De acuerdo a Myers (2005) para comprender nuestra realidad y para darle significado y sentido. La dimensión valorativa propia de la actitud permite diferenciar entre lo que puede ser dañino o favorable. Como resultado la actitud nos indica a lo que estamos preparados a hacer, ella nos impulsa, y nos acerca a las cosas que nos satisfacen y nos aleja de las cosas que nos desagradan. También ordena y simplifica la realidad en la que nos movemos otorgándole sentido, nos permite satisfacer la necesidad de expresar nuestros sentimientos y con ella construimos positivamente nuestro autoconcepto.

Ahora bien, como parte del proyecto del Pacto Educativo el Papa Francisco aboga por una educación capaz de la mutua comprensión; es decir que aboga por crear una cultura del encuentro y que se caracteriza entonces por un realismo encarnado, que requiere de la valentía de formar personas disponibles al servicio de la comunidad. El servicio es un pilar de la cultura del encuentro: “Significa, ha expresado el Papa, inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad” (Francisco, 2013). Esto exige que todas las instituciones, no sólo las escuelas o universidades sino todas las que tienen dimensión educativa: familia, personalidades públicas, artistas, instituciones sociales, culturales, religiosas… deben interpelarse sobre la finalidad y los métodos con que desarrollan la propia misión formativa.

La cultura del encuentro, de la mutua comprensión implica, según Papa Francisco (2015, en De La Torre, 2018) que “debemos integrarnos en una nueva organicidad vital de orden superior que asuma lo nuestro, pero sin anularlo” (p. 243). Esto supone asumir las diferencias, con criterio, con responsabilidad y respeto. Respetar la diversidad, podríamos decir, es por lo tanto la primera condición previa del pacto educativo.  La educación es un hecho espiritual-personal, es un encuentro educativo. El educador es una persona de encuentro. Es un encuentro que requiere aceptación mutua y superar las divisiones y confrontaciones. Es un encuentro que no es cuestión solo de técnicas y que invita a ser protagonistas y no espectadores. Si nos centramos en el conflicto y sólo en las técnicas rompemos los lazos del encuentro educativo. Esta descripción del encuentro educativo es una referencia esencial para comprender la cultura del encuentro, de la mutua comprensión. En la Evangelli Gaudium expone el Santo Padre que “sentimos el desafío de descubrir y transmitir la ‘mística’ de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria” (Francisco, 2013, nº 87) ¡Se necesitan dos o más personas diferentesque decidan comprometerse con esta causa común! ¿Estás dispuesto? ¿Estás dispuesta?

La escucha paciente implica la apertura al otro como fundamento, señala el Papa en la Exhortación apostólica postsinodal Christus vivit que “Existe un pacto cuando reconocemos al otro, diferente de nosotros, no como una amenaza a nuestra identidad, sino como un compañero de viaje, para «descubrir en él el esplendor de la imagen de Dios” (Francisco, 2019, nº 35). El diálogo constructivo exige, por tanto, reconocer la relación con el otro, las formas de reciprocidad, es decir: el encuentro, la solidaridad, la misericordia, la generosidad, pero también el diálogo, la confrontación (Congregación para la Educación Católica, 2020). Se trata de un reconocimiento como hijos de un solo Padre y, por lo tanto, hermanos llamados a la recíproca benevolencia y a la custodia fraterna. El gran reto hoy para nosotros, ante la necesidad de hacer concreto y de responder hoy a la realidad de la educación en Venezuela; y que tenemos el peligro de permanecer iguales a como éramos antes de esta pandemia y de seguir educando como lo veníamos haciendo, debemos asumir que es ahora cuando hay que abrir espacios de diálogo y de diálogo constructivo; esto es un gran desafío en medio de este sistema educativo caduco, corrupto y de muerte. 

A nosotros ya implicados en este proyecto debemos tener apertura hacia el otro, escucharlo, y caminar hacia una cultura del diálogo y encuentro. Muchos en las experiencias de los Foro chat lo vienen asumiendo: “Sueño fortalecerme desde la fe  y tener un espíritu para comprender, aceptar y respetar la diversidad”; otra participante señaló: “Me comprometo a mejorar los canales de comunicación a través del respeto al prójimo. Tratar a los demás, como quiero ser tratada. La comprensión del otro, es clave en la comunicación”. Otra participante apuesta a “¡Generar un clima propicio de encuentro! ¡Es un cambio de paradigma! Romper viejas prácticas, modelos cerrados. Hay que abrir mente y corazón”. A partir de estos elementos es que nos permitirá alcanzar la mutua comprensión, pues fuimos creados no sólo para vivir “con los demás”, sino también para vivir “al servicio de los demás”, en una reciprocidad salvadora y enriquecedora (Congregación para la Educación Católica, 2020). Hoy se requiere, entre otros aspectos, formar personas que sepan reconstruir los vínculos interrumpidos con la memoria (proceso psicológico básico) y con la esperanza en el futuro (virtud cardinal). También, educar jóvenes que, conociendo sus raíces y abiertos a lo nuevo que llegará, sepan reconstruir una identidad presente más serena, desde lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero.

Referencias

De La Torre, J. (2018). El Papa Francisco y la cultura del encuentro. Una aportación para el diálogo y la paz entre las religiones. Miscelánea Comillas.76 (148). pp. 233-259

Navarro, A. (2007). Aproximación al Concepto de Proceso en Psicología. Psicología – Segunda Época.  XXVl (2). Pp. 6-30

Francisco, Papa. (2013). Discurso en la visita al “Centro Astalli” de Roma para la asistencia a los refugiados. Recuperado de http://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2013/september/documents/papa-francesco_20130910_centro-astalli.html

Francisco, Papa. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Caracas: Editorial San Pablo.

Francisco, Papa. (2019). Exhortación Apostólica Postsinodal Christus vivit. Santiago de Chile: Ediciones UC.

Myers. D. (2005). Psicología Social. Buenos Aires: Médica Panamericana.

Congregación para la Educación Católica (2020). Instumentum Laboris del Pacto Educativo. Recuperado de https://www.educationglobalcompact.org/resources/Risorse/instrumentum-laboris-sp.pdf