El diálogo constructivo, una clave en el nuevo orden social

Marcel José Soto /Puerto Cabello – Estado Carabobo

Marcel José Soto

¿Somos capaces de transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo y escuchar con atención lo que dicen los demás? En la sociedad actual, convivimos con personas diferentes a nosotros. Este es un hecho concreto y fácilmente perceptible frente al cual no podemos cerrar los ojos. Partiendo de estas consideraciones, el diálogo toma relevancia en la búsqueda de un nuevo orden social y en la tarea de formar ciudadanos globales capaces de reconstruir los tejidos de relaciones, saneando la humanidad introduciendo el remedio de la fraternidad.

El Papa Francisco al manifestar su deseo de una educación más abierta e incluyente, nos ha dado como desafío la necesidad del desarrollo de la capacidad humana del diálogo constructivo. Entendiendo esta como una habilidad más elevada del pensamiento, que implica la confrontación de ideas. El diálogo consiste en dar y recibir; significa que ambas partes se escuchan atentamente con ánimos de aprender, ya que en todo comentario serio de un oponente se expresa una de las muchas facetas de la realidad. Esta capacidad implica salir de nosotros mismos hacia el encuentro de los demás.

Desde Platón y Sócrates ya se ha hablado de la utilización del método del diálogo en el arte de educar. Pensar en la escuela griega, es dar razón que educar implica el diálogo de saberes entre las contradicciones que manifiestan las ideas y sentimientos en la búsqueda de la verdad. Somos libres para pensar por cuenta propia pero apenas tenemos el valor de hacerlo de verdad. Es por esto, que dialogar no implica dar la razón o querer siempre tener la razón, debe convertirse en el corazón de las conexiones humanas significativas. Muchas veces corremos el riesgo de evitar conversaciones difíciles y esto no es dar posibilidad a la cultura del diálogo. El pensamiento crítico que tanto ansiamos en los estudiantes se dará concordando las semejanzas y diferencias entre sus ideas o estados de ánimo.

En este momento quizás hablar de diálogo resultará caduco por la falta de credibilidad o lo fracturado de este término en cualquier ámbito. La censura y la persuasión son dos factores que impiden el desarrollo de la práctica del diálogo en la sociedad. Estos factores constituyen muros enormes para el libre pensamiento, se hacen barreras invisibles, anónimas y se disfrazan de normalidad, sentido común u opinión pública. Ellos no piden hacer otra cosa que hacer lo que todos hacen. Preguntémonos ¿Resistimos a los tiroteos constantes de estos enemigos invisibles del pensamiento? ¿Hemos aprendido a ejercer nuestra facultad para discurrir y discernir?

En un diálogo nunca habrá un vencido y un vencedor, en el mejor de los casos encontraremos a dos que comparten verdades parciales. Educar para la cultura del diálogo tiene que convertirse en un desafío para la educación que viene; son necesarios espacios para el diálogo constructivo donde se tengan igualdad de condiciones para expresar las ideas. Esto nos exige buscar la propia identidad; superar aversiones y polémicas; es un camino hacia la madurez y la paz que nos ayuda a abrir puertas; esto nos permitirá estar abiertos a la diversidad y diferencias.

Aunque se produzcan malentendidos y se sufran decepciones mientras los hombres vivan sobre la tierra a través del diálogo podemos acercarnos siempre de nuevo al otro; por esto es muy importante educar en el arte de practicarlo y hacer de esto una experiencia cotidiana en todos los ambientes. Tenemos que hacernos conscientes que todo lo podemos resolver a través del diálogo. Por ende, caminar hacia una educación que se concerte en el humanismo solidario será posible formando ciudadanos capaces del diálogo constructivo.

Si queremos comprender nuestro mundo hemos de ampliar continuamente nuestro horizonte, profundizar en la verdad que hemos alcanzado y buscarla allí donde puede encontrarse esto es en todas partes; en otras palabras debemos estar dispuestos al diálogo, en primer lugar con aquellos que son distintos a nosotros. Es preciso distinguir entre lo fundamental, es decir lo que no podemos ceder sin cambiar nuestra identidad y lo accidental en lo que caben muchas opiniones distintas. El tener una sola postura en cosas accidentales es propio de ideologías. Siempre habrá posturas diferentes en el vida intelectual y espiritual; será siempre enriquecedor conocer el pensamiento de los otros, así se pueden corregir algunas posturas propias que tal vez se han vuelto exageradamente rígidas.

Nadie puede decir que ha encontrado la verdad, cuando dialogamos intercambiamos una verdad particular para juntos buscarla de tal manera como si fuera desconocida para ambos y de esta manera podemos ampliar el horizonte. Hoy es necesario que reflexionemos ¿Cuál es la situación del diálogo a nivel personal y en tu entorno? ¿Cuáles son esos factores que lo favorecen o lo impiden? Pensando en estos aspectos, iremos favoreciendo o dando paso a las condiciones necesarias para el desarrollo de esta capacidad hasta convertirse en una cultura. La realidad no puede desanimarnos, ella debe entusiasmarnos en buscar alternativas creativas de solución, por eso piensa ¿Es posible el diálogo constructivo en el país? ¿Cómo sueñas el ejercicio del mismo en los ambientes educativos? Todo esto implicará un movimiento personal o como ha dicho el Papa educar la mente, el corazón y las manos. Y si es así finalmente pregúntate: ¿A qué te comprometes para hacer del diálogo constructivo una actitud permanente y un estilo de vida? ¿Qué habilidades necesitas desplegar en ti para desarrollar la capacidad humana del diálogo constructivo?