Samaritanos en tiempos de pandemia

Marisa Romero, Misionera de Cristo Resucitado. Buenos Aires, Argentina. 

Estamos viviendo en una “guerra donde el enemigo es invisible”. Y resulta increíble ver cada día como un virus tenga tanta fuerza de propagación y destructividad. De pronto cambiaron nuestras costumbres y hábitos porque a través de todos los medios se nos dice que debemos obedecer a reglas y consejos que nos enseñan desde cómo lavarnos correctamente las manos hasta permanecer en nuestras casas en modo CUARENTENA.

La vida es antes y después del COVID19

Hemos salido de nuestras propias fronteras las que nos encierran para dar rienda suelta al consumismo y a todos los placeres. El dolor del otro nos grita y pide que derribemos los  muros de nuestros egoísmos y miremos a los costados sin pasar de largo. Se impone aquí recordar el pasaje evangélico del samaritano.

Aquel hombre que tirado a lo largo del camino, mal herido,  visto por tres hombres dos de ellos representantes de la enseñanza religiosa de la época de Jesús  cumplidores estrictamente  de la ley. Dieron  un rodeo y siguieron de largo. 

Pero un samaritano extranjero sólo fue capaz de conmoverse y se detuvo para curar al herido. Pienso en esta escena ante el contexto mundial que nos toca vivir en estos días.

Donde los que están al frente de la batalla son sin duda nuestros médicos y personal sanitario como también otros tantos servidores públicos. Ellos están cuidándonos y arriesgando su vida.

Como cristianos también estamos llamados a entregar la vida…El maestro ya nos dio la lección hace más de dos  mil años y nos  mostró el camino a seguir. Nos llamó amigos “Si hacemos lo que el nos manda”. Y este mandato nos tiene que sacudir para no pasar de largo en la universidad, en la parroquia, el trabajo y las escuelas.

 Citando a nuestro Papa Francisco:“la naturaleza de la Iglesia”, que no es “una fortaleza cerrada”, sino “una tienda de campaña” capaz de “agrandarse para recibir a todos”: es una Iglesia en salida, “una Iglesia con las puertas siempre abiertas”.

 Te invito a que pensemos juntos. ¿Qué nos implica hoy en nuestros ámbitos ser samaritanos? Nuestras universidades, colegios y familias son tiendas de campaña? Qué miedos tenemos en esta coyuntura de vulnerabilidad para ser iglesia siempre de puertas abiertas?.