A propósito de la contingencia

Anónimo

Para nadie es un secreto el flagelo que en estos tiempos azota al mundo entero. Todas las naciones, razas y lenguas no hacen otra cosa más que hablar de esta pandemia, que se vive actualmente, que ha dado un giro voraz a la vida tan movida de la sociedad; un giro quizás inesperado y desconcertante; pero que al mismo tiempo debería ser esperanzador posiblemente nos preguntemos ¿en qué puede ser esperanzador? La respuesta radica en que  gracias a esta pandemia se nos ha permitido reflexionar (acallando nuestra soberbia) que muchas veces somos indiferentes encerrados  en la comodidad de nuestra zona de confort olvidamos las maravillas de la vida: la familia, los amigos, el compartir y porque no la vida misma. Nos perdemos en la agitación de un mundo que vive en constante mutaciones.

Por tal motivo es tiempo de empezar a reestructurar nuestras vidas: empezar a crear cada día una sociedad más justa, más humana, mas fraterna, más real, más perfecta.

Es tarea de todos construir el mañana que queremos y anhelamos. Es tarea: del médico, el docente, el trabajador, del anciano, del joven, del adulto y del niño luchar para renovar y restaurar el presente ensamblando las bases para un futuro hermoso. Es real que el futuro es incierto, desconocido y misterioso; pero vale la pena soñar por aquello hermoso y feliz que trascienda más allá de nuestra razón.

Aprovechemos este tiempo propicio para reflexionar, compartir, soñar, aprender y disfrutar como dijo Charles Chaplin “la vida es una obra de teatro por eso baila, ríe, llora no vaya a ser que el telón caiga y la obra quede sin aplausos”.