UN DESAFÍO CULTURAL, ESPIRITUAL Y EDUCATIVO

Angela Maria Lopez Ceballos
licenciada en Educación Preescolar.
Coordinadora de Cultura en la U. E Colegio Parroquial San Rafael de Bejuma Estado Carabobo.

Inicié este viaje de conocer la Encíclica Laudato Sí, participando en el programa de formación de la DSI,  viviendo más de cerca  ese clamor  que nos hace  la tierra y los pobres.  Profundizándola más al compartir conocimientos y  experiencias en las actividades programadas por el Departamento de Educación de la CEV, donde nos vimos una serie de orientaciones que tiene la encíclica  para el logro de un nuevo orden mundial necesario para el proyecto de configurar a Venezuela como una aldea de la educación.

Los invito a que seamos protectores del mundo  y no depredadores a que sembremos amor y no odio, contaminación ni destrucción. A comprometerte y  vivir con calidad,  transformar tu estilo de vida con una actitud del corazón, y poder soñar juntos con la verdadera Reconstrucción del Pacto Educativo en Venezuela. Educar a ese ser solidario y humanista que tanto requiere la sociedad.  Pero antes debes conocer cuáles son esas orientaciones.

 Apostar por otro estilo de vida, por una educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente, acompañado con una conversión ecológica, es lo que nos plantea el Papa francisco  en su encíclica, verde Laudato Sí. Cuestionar  el cómo  vivimos  nos lleva a reflexionar,  a dar un alto a nuestra vida y ver la manera en que estamos atropellando al planeta con nuestras acciones apresuradas y sin conciencia alguna del daño que estamos causando a la creación.  

La creación no solo es la naturaleza y el mundo animal, es también el ser humano que sin duda alguna mutuamente nos estamos haciendo daño.  Vivimos en un mundo consumista donde nos preocupamos solamente en ver qué más podemos comprar, dejándonos llevar por los diversos medios que promueven este consumismo, sin ver en realidad que esto nos lleva a un verdadero bien  común, haciéndonos  creer  que somos libres para hacerlo y  pintándonos  de colores una felicidad falsa.

 En esta confusión vive la humanidad,  viviendo  con angustia, con una sensación de inseguridad, inestabilidad y con un egoísmo colectivo. Logrando que las normas solo sean respetadas en la medida en que no contradigan las propias necesidades.  Es por eso que no solo podemos pensar que el planeta puede ser destruido por desastres naturales o fenómenos climáticos, sino también en catástrofes derivadas de la crisis social que podrá o está provocando violencia y destrucción recíproca.

El Papa francisco, nos invita a mirarnos con honestidad, a irradiar  nuestra luz propia e iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. Dejemos atrás una etapa de autodestrucción y comencemos de nuevo. Reconozcamos a las demás criaturas dándoles su propio valor. Y consideremos el impacto que provoca cada acción y cada decisión personal.

Los invito a dejar el individualismo para que puedan desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelva posible un cambio impactante en la sociedad; educarnos para una alianza entre la humanidad y el ambiente.  La gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos de vida.  Pero el crecimiento en el alto consumo y bienestar vuelve difícil que la persona desarrolle nuevos hábitos.  Es por eso que estamos ante un desafío educativo.

 Es aquí donde la educación juega un papel importante. Pero no todo recae en los educadores sino también en la familia,  necesitamos comprometernos  en educar desde la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la compasión.  Es necesario hacer una transformación personal y apostar por otro estilo de vida,  solo así vamos a poder cultivar de solidas virtudes un compromiso ecológico para poder impartirlo a las futuras generaciones. Que maravilloso sería que la educación, con una fuerte alianza con la familia,  sean capaces de motivar a cada ser, hasta conformar ese estilo. Construir una cultura de vida compartida y  de respeto a lo que nos rodea.

Tenemos en contra muchos medios que de una  u otra manera nos lo ponen cuesta arriba, pero si cada uno de nosotros aporta desde donde está su grano de arena  se unirán fuerzas que lo harán posible. Empieza  cambiando tu estilo de vida con pequeñas acciones cotidianas como el cuidar y ahorrar el consumo de agua, utilizar menos plástico y papel, reutilizar en vez de  desechar. Así vas educando y cambiando los hábitos  de tus familiares, compañeros de trabajo vecinos y  sucesivamente se ira creando una cadena hasta lograr que la mayoría tome de modelo este nuevo estilo de vida para el bien común. 

No podemos dejar a un lado a La política, a las asociaciones, a la Iglesia y todas las comunidades cristianas, ya  que tienen un rol importante que cumplir en esta educación, les compete concientizar a la población para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente dado que es mucho lo que está en juego. Se necesitan instituciones dotadas de poder para sancionar los ataques al medio ambiente y hacer que se cumplan las leyes existentes.

Ya les presenté lo que nos plantea el papa Francisco en su encíclica, referente al desafío de cambio cultural y educativo. Pero estos dos no se pueden llevar a cabo sin el tercer desafío que es el espiritual, una verdadera conversión ecológica que nos llene de gozo y paz

La espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo.  Se vive con ella y en ella en comunión con todo lo que nos rodea.  Todo está conectado. Debe haber una balanza entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.  Consiste en cambiar desde adentro, reconocer los propios errores, los vicios o negligencias, que te arrepientas  de corazón y puedas  ver los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres porque  que cada criatura refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos. También debemos reconocer al mundo como un don recibido, ser agradecidos y brindar gestos generosos aunque nadie los vea o los reconozca.

Para completar esa conversión, debemos tener la convicción de que menos es más, descubrir que podemos gozar profundamente sin obsesionarnos por el consumismo y la constante acumulación.  Ya que nos distrae y nos impide valorar cada cosa y cada momento.  El ser humano debe entender que no lo daña lo que le hace falta, sino la creencia de lo que necesita. Observa si realmente necesitas lo que tienes o compraste, puedes  necesitar poco, vivir mucho y gozar con lo más simple,  alcanzar la felicidad disfrutando de la vida familiar, con los amigos, en la música, el arte,  la naturaleza o en la oración. Experimentando lo que es valorar cada persona y cada cosa.

Debemos comenzar a vivir el ahora sin preocuparnos por lo que vendrá después, entregarnos a cada momento como don divino y plenamente vivido.  Volver a sentir que nos necesitamos unos a otros  y que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo. 

Es hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco  y nos ha inducido  a enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses. Es hora de  proponer al mundo  el ideal de una civilización de amor, para plasmar una sociedad más humana y más digna de la persona. Que nuestro tiempo se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por la lucha de la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida

 En esta pausa que nos está regalando el mundo  con el confinamiento, te invito a que analices la rapidez con la que estabas viviendo y te plantees los siguientes interrogantes.  

¿Estas atropellando al  planeta con tus acciones cotidianas?

¿Cómo  harás de ahora en adelante para cambiar tus hábitos y recuperar la serena armonía que debes tener con la creación y ser su custodio?

¿Estas educándote para así educar a ese ser integral que cuide, respete y valore la creación?

¿Qué harás de ahora en adelante para gozar y estar en paz contigo mismo y construir tu felicidad?