Jesús Maestro, enséñanos a mirar

José Antonio Tolosa, sacerdote católico. Valle de la Pascua, Guárico.  @tolocam

El Evangelista Lucas nos invita a contemplar a Jesús como el maestro que nos enseña a mirar la vida de manera totalmente nueva, aun en las peores circunstancias. Es en el pasaje llamado el Camino de Emaús. (24,13-35). La comunidad simbolizada en las dos personas que van de camino, terminan mirando y asumiendo de manera completamente diferente todo lo que ellos  ya creían conocer,  acaban aprendiendo a ver todo de nuevo.  Todo cambia para ellos sin que externamente nada haya variado aún.  

Cambia en ellos la manera de interpretar  lo sucedido. Su forma vieja de asumir los acontecimientos les hundía como personas y como comunidad; experimentaban el abandono porque no eran capaces de reconocer la presencia del Resucitado que está caminando a su lado y está siendo testimoniado por las mujeres,  por el camino (por la vida) se detienen afligidos, muere en ellos la esperanza porque hace tres días (tiempo completo)  que fue asesinado el liberador, creían conocer al Nazareno y estaban seguros de su destino fatal, lo que ha sucedido aniquila la fe y la esperanza que había dentro de ellos.  Por eso no queda más solución que resignarse en lo antiguo y regresar a Emaús, al pasado conocido y seguro. 

A mitad del relato el catequista Lucas nos enuncia lo que ha logrado el Maestro, “Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…” y para acentuar que es una experiencia interior, una lección que se aprende desde dentro, que lo indispensable es dejarse abrir los ojos del alma por el Maestro Jesús para asumir los vicisitudes por muy complicadas que aparezcan, termina diciendo “Pero él desapareció de su vista.” 

Necesitaron aprender a creer de nuevo, precisaron conocer, ahora sí, a Jesús de Nazaret, porque sus convicciones profundas no eran suficiente para asumir el presente con integridad. El Maestro les fue iniciando en  su propia experiencia honda; “Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura  se refería a él”  

Para permitir que Jesús el Cristo nos alcance en nuestra situación vital es necesario hacer memoria viva de su vida entregada y de su resurrección, asimilar su talante y  comulgar con su espíritu, celebrar su vida en la liturgia superando el ritualismo.  Al igual que a los de Emaús, una luz interior nos permitirá reinterpretar la vida, de tal manera que será  nuestra mirada “iluminada” la que nos defina y no los acontecimiento exteriores.  Es descubrir que en nuestro interior arde la luz de la presencia acompañadora del Resucitado que se ha hecho experiencia vital. 

Sólo así estaremos capacitados para salir al mundo aportando lucidez, paz y esperanza, aun cuando las noticias no sean muy alentadoras.  Desde esa claridad y crecimiento interior nuestro compromiso social será construcción de auténticas dinámicas humanizadoras.    

Los de Emaús regresan convertidos en personas nuevas, con convicciones que les capacitan en un mundo impregnado de dificultades  a interpretar los hechos desde un talante esperanzador;  el caminar y escuchar al  Maestro y el compartir el pan con él ha sido la escuela para reconocerle vivo entre ellos.  ¿Estamos dejando que el Evangelio eduque nuestra interioridad? ¿Estamos educado para la interioridad?  Nuestras tradiciones, rituales y devociones ¿priorizan el crecimiento interior? O ¿una ritualidad mágica? ¿Cuáles son los ojos interiores que necesitamos para interpretar esta realidad de hoy?  Y la primera pregunta del Maestro; ¿De qué van conversando por el camino? Ponle nombre a lo que sientes y a lo que ves, junto a Jesús vamos a aprender a mirar todo de nuevo.