Laudato Si

Edward Alexander Guerra Van der velde
Diócesis de Margarita
Docente de la U.E.L.B “Ricardo Márquez Moreno” y U.E. Colegio “Juan Griego”

Hablar de Educación es un tema que debe ser de interés no sólo para los docentes, sino también para la sociedad en general. Además de proveer conocimientos, la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos.

Actualmente uno de los temas más relevantes es el cuidado de nuestro planeta, nuestra casa común, razón por la cual esta reflexión gira en torno al Capítulo II de la encíclica del Papa Francisco “Laudato Si”. El cual menciona la tremenda responsabilidad que tenemos con respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las criaturas, y el hecho de que el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Por consiguiente, desde la educación es importante resaltar las riquezas culturales de los pueblos, el arte y realizar acciones que involucren todos los actores sociales para el rescate y conservación de nuestros espacios naturales. De igual forma, estamos llamados a que a partir de nuestra fe, eduquemos que por ser parte de la creación tenemos compromisos ecológicos que brotan desde nuestras convicciones.

Recordemos que fuimos creados por amor a imagen y semejanza de Dios y que debemos convivir a partir de 3 relaciones fundamentales: con Dios, el Prójimo y con el planeta. Entonces, los docentes, debemos educar para que podamos usar las bondades que nos ofrece el planeta pero a su vez que tenemos el deber de protegerlo y garantizar su fertilidad para las futuras generaciones, así como quitar el falso pensamiento de que somos los dueños del mundo.
Desde nuestras aulas debemos fortalecer la capacidad de reflexión, la argumentación, la creatividad, la interpretación, la elaboración artística y otras capacidades inéditas que muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico, implicando el surgimiento de un ser personal que le permita establecer no solo una relación tu a tu, sino también una relación con el ambiente que le rodea. Así mismo, debemos resaltar la importancia de conservar cada especie en el planeta pues su función se hace necesaria para mantener el perfecto funcionamiento de este, por lo que se hace necesario desarrollar virtudes ecológicas es decir; humildad, autocontrol, gratitud, templanza, paciencia, caridad, diligencia; las cuales pueden ayudarnos a restaurar nuestras relaciones con la naturaleza y a vivir en comunión con ella.

Sin embargo, cuando buscamos educar para proteger y defender el ambiente no debemos limitarnos solo a eso, sino que debemos incluir también el trato, defensa y protección del ser humano. Pues, de nada vale ser el mejor defensor del planeta y ser indolente y despreocupado por los problemas o situaciones del hermano, vecino, compañero de trabajo o aquel desconocido que vemos en la calle pidiendo limosna. Por tanto, debemos educar desde el amor, la ternura, compasión y humildad para que esos valores se pongan en práctica con todas aquellas criaturas que nos rodean.

Entonces, nuestra formación debe impulsar la reducción de desigualdades y promover el respeto y los derechos humanos, sociales, políticos y económicos. Y hacer entender que todos (ricos, pobres, blancos, de color, del campo o la ciudad) tenemos los mismos derechos sociales, económicos, educativos y laborales.

Este capítulo nos invita a ver el mundo tal como Jesús lo hizo y actuar como él. En otras palabras, admirar la naturaleza, ser parte y vivir en equilibrio con ella, respetar la dignidad humana, a actuar con humildad, a preocuparse por el otro, a santificar el trabajo y a su vez trabajar no solo por nuestra propia satisfacción sino por el bien común. Todo esto lo resume el Papa Francisco en una ecología integral, la cual posibilitará un cambio de rumbo y una verdadera conversión ecológica.