Reconstrucción del Pacto Educativo Global: Valentía de invertir las energías con creatividad y responsabilidad

Erinson de Jesús Bustamante
Coordinador del Equipo animador de la Pastoral Universitaria
Psicólogo en PROFAM-FUNDANA
Voluntario en Espacio Anna Frank
Miembro de la Comunidad Misionera de Cristo Resucitado

Reconstruir sin duda alguna requiere de valentía, es decir, de fuerza, salud y vigor; son cualidades fundamentales. En este sentido, lo plantea el Papa Francisco en su invitación a la Reconstrucción del Pacto Educativo Global, el cual precisa de instituciones y acciones valientes y cohesionadas, capaces de producir vida desde la educación, a partir de su energía, de su fuerza vital. Ahora bien, si hemos tenido la valentía de poner en el centro a la persona –primera valentía-, desde la mirada de interconexión e interdependencia; podremos reconocer nuestra energía, nuestras capacidades, dones, recursos y talentos e invertirlos, de modos favorables para el bien común.

Sin duda alguna, vivimos una realidad mundial y nacional de permanentes crisis y cambios, enfrentamos una continua metamorfosis de distinta índole, como señala el Papa Francisco (Mensaje del Pacto Educativo Global). Nos encontramos continuamente y de formas muy drásticas a la realidad de la existencia: todo cambia, nada permanece. Ante ello, podríamos percibir muchas amenazas y riesgos, sin embargo a la par también encontramos oportunidades y posibilidades infinitas; no contrapuestas, sino en unidad, es allí donde reconocer nuestra energía momento a momento encuentra mayor sentido para transformar la realidad que vivimos, haciéndonos cargo de ella. Y el mundo educativo nos desafía en este sentido.

¿Por qué entonces está invitación a invertir las energías con creatividad y responsabilidad? ¿Qué sentido tiene esto para reconstruir el Pacto Educativo? 

Ante esta realidad del día a día, que nos muestra una emergencia educativa clara, es preciso que podamos entonces asumir la invitación del Papa Francisco en la Reconstrucción del Pacto Educativo, desde lo que somos y tenemos, asumiéndola con la responsabilidad que a nuestro rol corresponde, haciéndonos cargo de aquello que está a nuestro alcance, y con creatividad, de modo que haya una permanente producción,  creación, novedad, desde la certeza, que se pueden hacer nuevas todas las cosas.

Reconocer las propias fuerzas y energías, es clave, pero lo fundamental es que estas se sumen a las de otros, pues “para hacer un pacto, de hecho, se necesitan dos o más personas diferentes que decidan comprometerse en una causa común. Existe un pacto cuando, manteniendo las diferencias recíprocas, se decide utilizar las propias fuerzas al servicio del mismo proyecto” (Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Frecuentemente solemos valorar nuestros esfuerzos cuantitativamente y según expectativas no siempre congruentes a la realidad. Sin embargo, “utilizando bien el propio espacio de libertad se contribuye al crecimiento personal y comunitario: «no hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre producen frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente»” (Laudato si’, n. 212, cp. Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Y he aquí una perspectiva desafiante ante nuestro aporte educativo a la transformación social: «La educación es el momento que decide si amamos lo suficiente al mundo como para responsabilizarnos de él y salvarlo de la ruina (Hannah Arendt, cp. Instrumento laboris del Pacto Educativo Global). Vale la pena preguntarnos ¿Cómo expresamos nuestro amor a la sociedad de hoy desde el ámbito educativo?

Desde esta perspectiva de este amor manifestado en obras y en inversión creativa y responsable el Papa Francisco nos señala: “Un cristiano que se cierra en sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado, es un cristiano… ¡no es cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado! Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción —nosotros estamos en el tiempo de la acción—, el tiempo de hacer rendir los dones de Dios no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los demás; el tiempo en el cual buscar siempre hacer que crezca el bien en el mundo. Y en particular hoy, en este período de crisis, es importante no cerrarse en uno mismo, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, estar atentos al otro…. ¡No enterréis los talentos! Apuesten por ideales grandes, esos ideales que ensanchan el corazón, los ideales de servicio que harán fecundos vuestros talentos. La vida no se nos da para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos da para que la donemos… ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!” (Audiencia general 24/04/2013)

Ahora bien, mirando nuestra realidad individual, educativa y social ¿Cuál es la fuente de mi energía? ¿Cuáles son mis recursos, dones y talentos? ¿Dónde y de qué modo puedo invertirlos hoy? Preguntarnos permanentemente contribuirá que podamos hacernos cargo de la realidad presente, creando desde la novedad de la Buena Noticia. Nos anima la esperanza del evangelio, porque quien ha sido fiel en lo poco, se le confiara más (Lc 16,10).

RECONSTRUCCIÓN DEL PACTO EDUCATIVO GLOBAL: LA VALENTÍA DE PONER A LA PERSONA EN EL CENTRO

Carmen Amelia Reyes L.

Carmen Amelia Reyes L.

Una de las ideas más resaltantes del mensaje del papa Francisco en la convocatoria del Pacto Educativo Global es, la esperanza sostenida de que un mundo mejor es posible a partir de la construcción y el trabajo tesonero de convertir al mundo en una Aldea de la Educación, además nos dice que esto será posible a través de nuestra capacidad de construir relaciones humanas y abiertas, basadas en la escucha paciente, el diálogo constructivo y la mutua comprensión, como actitudes involucradas en el desarrollo de nuestras prácticas educativas y relacionales en todos los espacios.

Además de esto el papa nos habla de una triple valentía o coraje que nos servirán para profundizar en nuestra capacidad de pactar con el otro o con los otros; “existe un pacto cuando reconocemos al otro, diferente de nosotros, no como una amenaza a nuestra identidad, sino como un compañero de viaje”( Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global), es necesario entonces que asumamos la vivencia de estas valentías como un estilo de vida que nos permita emprender el viaje junto a otros hacia el horizonte de la Reconstrucción del Pacto Educativo.

La valentía de poner a la persona en el centro parecería una pretensión de asumir al hombre como centro de todo, tal como lo identifica el  antropocentrismo,  pero basta con recordar las palabras de Jesús “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” Mt 25,40; por lo tanto la valentía de poner a la persona en el centro implica reconocer a la persona como un lugar en donde Dios habita, un lugar teológico, reconociendo a Jesús en el otro, es un nuevo modo de vivir y relacionarse a partir de la propuesta del Evangelio.

Y nos preguntamos ¿Por qué valientes? ¿Por qué tener coraje para asumir este compromiso? la valentía o el coraje no implica solamente lanzarse hacia lo profundo del mar sin saber nadar para probar o demostrar que no se tiene miedo, la valentía implica tener el reconocimiento de nuestras propias capacidades para afrontar con arrojo los desafíos de la existencia. El Papa Francisco nos invita en el pacto educativo a asumir esta valentía de poner a la persona en el centro porque a partir de ella podríamos reconocer al otro como parte de mi propio proyecto personal que luego, transitando junto a otros reconociéndolos como compañeros de viaje, se convierte en un proyecto para la humanidad.

En la encíclica Laudato Si´, se insiste en que “Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” LS 91. Para ejercer este amor sincero por la humanidad se requiere de valentía, para amar al otro y para entender que toda esta conexión no se refiere sólo al ser humano, se refiere al ser humano y al conjunto de elementos que conforman el medio ambiente, al conjunto de elementos que conforman la naturaleza en esta Casa Común que nos acoge y a la cual estamos invitados a cuidar, se comprende bien en este punto el vínculo profundo que existe entre la encíclica Laudato sí’ y la iniciativa del Pacto Educativo. Se trata de tomar conciencia con coraje, que la crisis ambiental y relacional que estamos viviendo puede ser afrontada dedicando atención a la educación de quienes mañana estarán llamados a custodiar la casa común.

Las relaciones en los ambientes educativos tienen este mismo principio, no son relaciones unidireccionales marcadas por el estatus o la autoridad, más bien, la calidad de la educación depende de la relación que se establece entre quienes tienen responsabilidades educativas, “no podemos ignorar que el discurso sobre la centralidad de la persona en cada proceso educativo corre el riesgo de volverse sumamente abstracto si no estamos dispuestos a abrir los ojos a la situación real de pobreza, sufrimiento, explotación, negación de posibilidades, en la que se encuentra gran parte de la infancia del mundo y sobre todo si uno no está dispuesto a hacer algo” (Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global). Como lo expresa Papa Francisco, es necesario actuar siempre conectados con la cabeza, el corazón y justamente las manos.

A propósito de esta valentía el papa se expresa de este modo «no pueden ignorar que todo en el mundo está íntimamente conectado y que se necesita encontrar – a partir de una sana antropología – otros modos de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. En un itinerario de ecología integral, se debe poner en el centro el valor propio de cada criatura, en relación con las personas y con la realidad que la circunda, y se propone un estilo de vida que rechace la cultura del descarte» (Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo).

Es nuestro compromiso a partir de la vivencia de esta valentía de poner a la persona en el centro:

  • Propiciar espacios educativo que respondan a la «llamada a crear una “ciudadanía ecológica”» (Laudato si’, n. 211), estos espacios pueden convertirse en un instrumento eficaz para construir, en una perspectiva a largo plazo, una sociedad más acogedora y atenta al cuidado de los demás y de la creación. Educar es un servicio a la sociedad en su conjunto que al educar se renueva.
  • Configurar la educación como punto de encuentro para reconstruir una trama de relaciones entre las diferentes instituciones y realidades sociales: para educar a un niño es necesario que dialoguen en función de un objetivo común la familia, la escuela, las religiones, las asociaciones y la sociedad civil en general.
  • Comprender nuevamente a la educación como un camino de formación de las generaciones más jóvenes y, al mismo tiempo, como una posibilidad de revisión y de renovación de toda una sociedad que, en el esfuerzo de transmitir lo mejor de sí misma a los más jóvenes, discierne su propio comportamiento y eventualmente lo mejora.
  • Rescatar el papel de la familia como primera socializadora y educadora, verdadera escuela de humanidad, de donde surjan sujetos con una visión y consciencia crítica del mundo, capaces de transformar su entorno.

¿Cómo puedo vivir en mi cotidianidad esta valentía de poner a la persona en el centro? ¿Qué me impide o le impide a la humanidad asumir una mirada amorosa al ser humano? ¿Qué signos reconozco de que hay una intención de poner a la persona en el centro?