Reconstrucción del Pacto Educativo Global: Valentía de invertir las energías con creatividad y responsabilidad

Erinson de Jesús Bustamante
Coordinador del Equipo animador de la Pastoral Universitaria
Psicólogo en PROFAM-FUNDANA
Voluntario en Espacio Anna Frank
Miembro de la Comunidad Misionera de Cristo Resucitado

Reconstruir sin duda alguna requiere de valentía, es decir, de fuerza, salud y vigor; son cualidades fundamentales. En este sentido, lo plantea el Papa Francisco en su invitación a la Reconstrucción del Pacto Educativo Global, el cual precisa de instituciones y acciones valientes y cohesionadas, capaces de producir vida desde la educación, a partir de su energía, de su fuerza vital. Ahora bien, si hemos tenido la valentía de poner en el centro a la persona –primera valentía-, desde la mirada de interconexión e interdependencia; podremos reconocer nuestra energía, nuestras capacidades, dones, recursos y talentos e invertirlos, de modos favorables para el bien común.

Sin duda alguna, vivimos una realidad mundial y nacional de permanentes crisis y cambios, enfrentamos una continua metamorfosis de distinta índole, como señala el Papa Francisco (Mensaje del Pacto Educativo Global). Nos encontramos continuamente y de formas muy drásticas a la realidad de la existencia: todo cambia, nada permanece. Ante ello, podríamos percibir muchas amenazas y riesgos, sin embargo a la par también encontramos oportunidades y posibilidades infinitas; no contrapuestas, sino en unidad, es allí donde reconocer nuestra energía momento a momento encuentra mayor sentido para transformar la realidad que vivimos, haciéndonos cargo de ella. Y el mundo educativo nos desafía en este sentido.

¿Por qué entonces está invitación a invertir las energías con creatividad y responsabilidad? ¿Qué sentido tiene esto para reconstruir el Pacto Educativo? 

Ante esta realidad del día a día, que nos muestra una emergencia educativa clara, es preciso que podamos entonces asumir la invitación del Papa Francisco en la Reconstrucción del Pacto Educativo, desde lo que somos y tenemos, asumiéndola con la responsabilidad que a nuestro rol corresponde, haciéndonos cargo de aquello que está a nuestro alcance, y con creatividad, de modo que haya una permanente producción,  creación, novedad, desde la certeza, que se pueden hacer nuevas todas las cosas.

Reconocer las propias fuerzas y energías, es clave, pero lo fundamental es que estas se sumen a las de otros, pues “para hacer un pacto, de hecho, se necesitan dos o más personas diferentes que decidan comprometerse en una causa común. Existe un pacto cuando, manteniendo las diferencias recíprocas, se decide utilizar las propias fuerzas al servicio del mismo proyecto” (Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Frecuentemente solemos valorar nuestros esfuerzos cuantitativamente y según expectativas no siempre congruentes a la realidad. Sin embargo, “utilizando bien el propio espacio de libertad se contribuye al crecimiento personal y comunitario: «no hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre producen frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente»” (Laudato si’, n. 212, cp. Instrumento Laboris del Pacto Educativo Global).

Y he aquí una perspectiva desafiante ante nuestro aporte educativo a la transformación social: «La educación es el momento que decide si amamos lo suficiente al mundo como para responsabilizarnos de él y salvarlo de la ruina (Hannah Arendt, cp. Instrumento laboris del Pacto Educativo Global). Vale la pena preguntarnos ¿Cómo expresamos nuestro amor a la sociedad de hoy desde el ámbito educativo?

Desde esta perspectiva de este amor manifestado en obras y en inversión creativa y responsable el Papa Francisco nos señala: “Un cristiano que se cierra en sí mismo, que oculta todo lo que el Señor le ha dado, es un cristiano… ¡no es cristiano! ¡Es un cristiano que no agradece a Dios todo lo que le ha dado! Esto nos dice que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción —nosotros estamos en el tiempo de la acción—, el tiempo de hacer rendir los dones de Dios no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los demás; el tiempo en el cual buscar siempre hacer que crezca el bien en el mundo. Y en particular hoy, en este período de crisis, es importante no cerrarse en uno mismo, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, estar atentos al otro…. ¡No enterréis los talentos! Apuesten por ideales grandes, esos ideales que ensanchan el corazón, los ideales de servicio que harán fecundos vuestros talentos. La vida no se nos da para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos da para que la donemos… ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!” (Audiencia general 24/04/2013)

Ahora bien, mirando nuestra realidad individual, educativa y social ¿Cuál es la fuente de mi energía? ¿Cuáles son mis recursos, dones y talentos? ¿Dónde y de qué modo puedo invertirlos hoy? Preguntarnos permanentemente contribuirá que podamos hacernos cargo de la realidad presente, creando desde la novedad de la Buena Noticia. Nos anima la esperanza del evangelio, porque quien ha sido fiel en lo poco, se le confiara más (Lc 16,10).

RECONSTRUCCIÓN DEL PACTO EDUCATIVO GLOBAL: LA VALENTÍA DE PONER A LA PERSONA EN EL CENTRO

Carmen Amelia Reyes L.

Carmen Amelia Reyes L.

Una de las ideas más resaltantes del mensaje del papa Francisco en la convocatoria del Pacto Educativo Global es, la esperanza sostenida de que un mundo mejor es posible a partir de la construcción y el trabajo tesonero de convertir al mundo en una Aldea de la Educación, además nos dice que esto será posible a través de nuestra capacidad de construir relaciones humanas y abiertas, basadas en la escucha paciente, el diálogo constructivo y la mutua comprensión, como actitudes involucradas en el desarrollo de nuestras prácticas educativas y relacionales en todos los espacios.

Además de esto el papa nos habla de una triple valentía o coraje que nos servirán para profundizar en nuestra capacidad de pactar con el otro o con los otros; “existe un pacto cuando reconocemos al otro, diferente de nosotros, no como una amenaza a nuestra identidad, sino como un compañero de viaje”( Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global), es necesario entonces que asumamos la vivencia de estas valentías como un estilo de vida que nos permita emprender el viaje junto a otros hacia el horizonte de la Reconstrucción del Pacto Educativo.

La valentía de poner a la persona en el centro parecería una pretensión de asumir al hombre como centro de todo, tal como lo identifica el  antropocentrismo,  pero basta con recordar las palabras de Jesús “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” Mt 25,40; por lo tanto la valentía de poner a la persona en el centro implica reconocer a la persona como un lugar en donde Dios habita, un lugar teológico, reconociendo a Jesús en el otro, es un nuevo modo de vivir y relacionarse a partir de la propuesta del Evangelio.

Y nos preguntamos ¿Por qué valientes? ¿Por qué tener coraje para asumir este compromiso? la valentía o el coraje no implica solamente lanzarse hacia lo profundo del mar sin saber nadar para probar o demostrar que no se tiene miedo, la valentía implica tener el reconocimiento de nuestras propias capacidades para afrontar con arrojo los desafíos de la existencia. El Papa Francisco nos invita en el pacto educativo a asumir esta valentía de poner a la persona en el centro porque a partir de ella podríamos reconocer al otro como parte de mi propio proyecto personal que luego, transitando junto a otros reconociéndolos como compañeros de viaje, se convierte en un proyecto para la humanidad.

En la encíclica Laudato Si´, se insiste en que “Todo está conectado. Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” LS 91. Para ejercer este amor sincero por la humanidad se requiere de valentía, para amar al otro y para entender que toda esta conexión no se refiere sólo al ser humano, se refiere al ser humano y al conjunto de elementos que conforman el medio ambiente, al conjunto de elementos que conforman la naturaleza en esta Casa Común que nos acoge y a la cual estamos invitados a cuidar, se comprende bien en este punto el vínculo profundo que existe entre la encíclica Laudato sí’ y la iniciativa del Pacto Educativo. Se trata de tomar conciencia con coraje, que la crisis ambiental y relacional que estamos viviendo puede ser afrontada dedicando atención a la educación de quienes mañana estarán llamados a custodiar la casa común.

Las relaciones en los ambientes educativos tienen este mismo principio, no son relaciones unidireccionales marcadas por el estatus o la autoridad, más bien, la calidad de la educación depende de la relación que se establece entre quienes tienen responsabilidades educativas, “no podemos ignorar que el discurso sobre la centralidad de la persona en cada proceso educativo corre el riesgo de volverse sumamente abstracto si no estamos dispuestos a abrir los ojos a la situación real de pobreza, sufrimiento, explotación, negación de posibilidades, en la que se encuentra gran parte de la infancia del mundo y sobre todo si uno no está dispuesto a hacer algo” (Instrumentum laboris del Pacto Educativo Global). Como lo expresa Papa Francisco, es necesario actuar siempre conectados con la cabeza, el corazón y justamente las manos.

A propósito de esta valentía el papa se expresa de este modo «no pueden ignorar que todo en el mundo está íntimamente conectado y que se necesita encontrar – a partir de una sana antropología – otros modos de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. En un itinerario de ecología integral, se debe poner en el centro el valor propio de cada criatura, en relación con las personas y con la realidad que la circunda, y se propone un estilo de vida que rechace la cultura del descarte» (Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo).

Es nuestro compromiso a partir de la vivencia de esta valentía de poner a la persona en el centro:

  • Propiciar espacios educativo que respondan a la «llamada a crear una “ciudadanía ecológica”» (Laudato si’, n. 211), estos espacios pueden convertirse en un instrumento eficaz para construir, en una perspectiva a largo plazo, una sociedad más acogedora y atenta al cuidado de los demás y de la creación. Educar es un servicio a la sociedad en su conjunto que al educar se renueva.
  • Configurar la educación como punto de encuentro para reconstruir una trama de relaciones entre las diferentes instituciones y realidades sociales: para educar a un niño es necesario que dialoguen en función de un objetivo común la familia, la escuela, las religiones, las asociaciones y la sociedad civil en general.
  • Comprender nuevamente a la educación como un camino de formación de las generaciones más jóvenes y, al mismo tiempo, como una posibilidad de revisión y de renovación de toda una sociedad que, en el esfuerzo de transmitir lo mejor de sí misma a los más jóvenes, discierne su propio comportamiento y eventualmente lo mejora.
  • Rescatar el papel de la familia como primera socializadora y educadora, verdadera escuela de humanidad, de donde surjan sujetos con una visión y consciencia crítica del mundo, capaces de transformar su entorno.

¿Cómo puedo vivir en mi cotidianidad esta valentía de poner a la persona en el centro? ¿Qué me impide o le impide a la humanidad asumir una mirada amorosa al ser humano? ¿Qué signos reconozco de que hay una intención de poner a la persona en el centro?

Homilía encuentro del Departamento de Educación. 31 de enero 2020

Homilía encuentro del Departamento de Educación. 31 de enero 2020

Gerardo Salas, sacerdote católico

Todo momento es una oportunidad para pensar, reflexionar y asumir retos, desafíos en bien del Reino de Dios. Congregarnos en torno al Señor es poder celebrar con gratitud, el testimonio de San Juan Bosco, cristiano  con visión de Iglesia, que dedicó su vida a formar a tantos jóvenes en pro de una sociedad mejor y de una Iglesia más evangelizadora; por ello lo recuerda hoy la Iglesia en su liturgia. 

Comenzaría esta reflexión dejándonos interpelar ¿Cuál es la virtud que Usted cree que más necesita?, tal vez haciendo esta pregunta encontraremos que el gran número de personas suelen decir yo necesito tener mayor paciencia, otros dirán yo he perdido totalmente la confianza, he perdido la confianza en la familia, en mí mismo. 

La paciencia y la confianza son dos virtudes que no son muy abundantes hoy en día y son tan necesarias, estas virtudes, esa paciencia y esa confianza están muy bien descritas en el evangelio de hoy.

Porque Cristo nos está hablando de una semilla, una semilla que se siembra, que va creciendo a su propio ritmo. Sin embargo en nuestras vidas nos aborda realidades que nos impide valorar el ritmo de las cosas, nos salta la angustia, la desesperación, la ansiedad, el estrés, entre otros, No obstante, vemos como  Cristo nos  advierte que  con gritarle a la semilla, echarle más agua, más agua y más agua, si juntar la semilla con el abono, halar la semilla para que crezca, nada de esto va a dar buenos resultados. El mundo de la agricultura nos enseña muchas cosas prácticas y una de las cosas que nos enseña es la paciencia; la paciencia y la confianza en lo que va a suceder. Una enseñanza preciosa  la que Jesús nos da. 

Hay momentos en que los cristianos tenemos que parar en nuestra actividad evangelizadora y considero que es el objetivo de este encuentro, para entender que tal vez dormir de noche, tal vez, discernir pausadamente, podrá entenderse mejor que “la semilla germina y va creciendo sin que el sembrador sepa cómo”, es la respuesta a muchas preocupaciones en la tarea a desarrollar en este departamento.

Ustedes estos días están de alguna manera recogiendo los frutos sembrados por otros, pero se hace apremiante, oxigenar la tierra desde la experiencia del rotar de nuevo el terreno para sembrar nuevas semillas, esto nos lo enseña el sembrador, si no el terreno se cansa y puede llegar a la aridez, por ello es oportuno ver nuevos frutos para la generación de hoy y del mañana, sin omitir la experiencia del pasado, el esfuerzo y la constancia de quienes sembraron en nosotros tanto la paciencia y la confianza, de llevar adelante en esta realidad país, un nuevo amanecer educativo, que transforme y dé esperanza a una sociedad nueva al estilo de Jesús, adelantándose a las necesidades de las futuras generaciones.

Cuidado con la tentación del quedarse mirando el pasado, ello puede estancar los procesos que pueden hacer cambiar el rumbo del hombre de hoy y se pueden convertir solo en eventos bonitos y maquillados que adormecen  o anestesian el camino del progreso formativo.

El Papa Francisco el (25-06-18) expresó “Solo cambiando la educación, se puede cambiar el mundo. Para hacer esto es necesario las siguientes sugerencias: hacer red, no dejarse robar la esperanza y buscar el bien común”

“Un programa de pensamiento y de acción basado en principios” que “podrán contribuir, a través de la educación, a la construcción de un provenir en el cual la dignidad de la persona y la fraternidad universal sean los recursos globales a los que todo ciudadano del mundo pueda acceder”.

Continua el Papa señalando que para hacer eficaces los proyectos educativos, estos deben obedecer a tres criterios esenciales: identidadcalidad y bien común.

La identidad —afirma el Pontífice— exige coherencia y continuidad con la misión de la escuela, de la universidad y de los centros de investigación nacidos, promovidos o acompañados por la Iglesia y abiertos a todos. “Estos valores son fundamentales para insertarse en el surco trazado por la civilización cristiana y por la misión evangelizadora de la Iglesia. Con ella podrán contribuir en indicar los caminos a seguir para dar respuestas actuales a los dilemas del presente, teniendo una mirada de preferencia por los más necesitados”.

Otro criterio esencial es la calidad —afirma el Santo Padre—. Este es el faro seguro para iluminar toda iniciativa de estudio, investigación y educación. Esta es necesaria para realizar alianzas de excelencia interdisciplinares que son recomendadas por los documentos conciliares.

No puede faltar el objetivo del bien común —afirma el Papa Francisco—, y este no es fácil de definir en nuestras sociedades marcadas por la convivencia de ciudadanos, grupos y pueblos de culturas, tradiciones y credos diferentes. Se necesita ampliar los horizontes del bien común, educar a todos a la pertenencia de la familia humana

El Papa Francisco (8-6-19) explicó que actualmente se da una deconstrucción del humanismo y para enfrentar esa situación “necesitamos la sinergia de las diferentes realidades educativas. La primera es la familia, como lugar donde se aprende a salir de sí mismo y ‘a ponerse delante del otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a vivir juntos’”.

El Pontífice explicó que las instituciones educativas católicas tienen la misión de ofrecer horizontes abiertos a la trascendencia, porque la educación católica ‘marca la diferencia’ al cultivar valores espirituales en los jóvenes”.

“El educador debe ser competente, cualificado y, al mismo tiempo, rico en humanidad, capaz de estar con los alumnos para promover su crecimiento humano y espiritual. El educador debe unir en sí mismo las cualidades de la enseñanza y la capacidad de atención y cuidado amoroso de las personas. Para ambos aspectos es necesaria una formación permanente, que ayude a los profesores y líderes a mantener su profesionalidad y, al mismo tiempo, a cuidar su fe y su motivación espiritual”.

Para el Papa Francisco, “otro peligro que amenaza la delicada tarea de la educación es la dictadura de los resultados. La cual considera a la persona como un objeto ‘laboratorio’ y no tiene interés en su crecimiento integral. También ignora sus dificultades, sus errores, sus miedos, sus sueños, su libertad”.

“Este enfoque –dirigido por la lógica de la producción y el consumo– pone el énfasis principalmente en la economía y parece equiparar artificialmente a los hombres con las máquinas. Para superar este obstáculo es necesario poner a toda la persona en el centro de la acción educativa”.

 Ante esto San Pablo nos recuerda: “Pablo plantó, Apolo regó, pero el que da el crecimiento es Dios”. Dejemos a Dios hacer su tarea, que es la principal. Hagamos la nuestra: sembrar, abonar, cuidar la tierra sembrada, acoger a Cristo, cultivar la amistad con Él, seguir sus indicaciones, predicar y ser testigos de su evangelio, dormir, descansar. Sembrar es la tarea de todos para poder reconstruir.

Desde esas grandes virtudes de la paciencia y la confianza; el nuevo desafío que el Papa Francisco está confiando al campo de la educación, es precisamente,  “reconstruir el pacto educativo global”, dice el Pontífice “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

Al inicio de este milenio, recuerda el Papa San Juan Pablo II en la carta apostólica Novo millennio ineunte, el gran desafío de la Iglesia consiste en “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión” (n. 43). Para que el apostolado dé frutos de bien, es indispensable que las comunidades vivan un espíritu de fraternidad mutua y real. Para realizar un único proyecto educativo y pastoral, es necesario que todas las comunidades estén unidas por un firme espíritu de familia. Que cada comunidad sea verdadera escuela de fe y de oración abierta a los jóvenes, donde sea posible compartir sus expectativas y dificultades, y responder a los desafíos que deben afrontar los adolescentes y los jóvenes.

Concluyo animando a todos ustedes a seguir creyendo en las capacidades y potencialidades que Dios les ha dado para llevar adelante la tarea desafiante de educar para la vida, para un mejor mañana, para una mejor Venezuela más humana y más fraterna.

Así sea.

Presentación de Publicaciones en el marco de la 113 Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Presentación de Publicaciones en el marco de la 113 Asamblea Ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana.
Baltazar Porras Cardozo, Cardenal-Arzobispo católico. 9/01/2020.

Hermanos y amigos presentes:

La crisis, no es, no debe ser, obstáculo para que la investigación nos ayude a dar razón de nuestra fe para poder ser esperanza para nuestro pueblo. Se ha arraigado la convicción de que el venezolano lee poco y hurga poco en sus raíces. Es una aseveración a medias pues el empeño de unas cuantas instituciones católicas intentan aportar un granito de arena para que la conciencia de cada uno tenga herramientas que le permitan discernir y decidir su propia vida y su aporte a la sociedad.

Sin la convicción de que la fe necesita nutrirse para que se dé un auténtico proceso de crecimiento y madurez, seremos como caña batida por el viento, ya que la manipulación interesada busca domesticar nuestro espíritu y conducirlo por sendas tortuosas, lejanas a los valores fundamentales de convivencia y fraternidad tan necesarios hoy.

El papa Francisco nos insiste machaconamente en la urgencia de promover procesos integrales para que la evangelización sea fermento, y esto se logra, por la profundización y reconstrucción de la educación en el sentido más amplio. “Cuando las categorías de la razón y de la ciencia son acogidas en el anuncio del mensaje, esas mismas categorías se convierten en instrumentos de evangelización; es el agua convertida en vino. Es aquello que, asumido, no sólo es redimido sino que se vuelve instrumento del Espíritu para iluminar y renovar el mundo”, nos remacha el Papa en Evangelii Gaudium, y culmina diciendo” el anuncio a la cultura implica también un anuncio a las culturas profesionales, científicas y académicas. Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una original apologética que ayude a crear las disposiciones para que el evangelio sea escuchado por todos” (EG. 132). Encuentran aquí su sentido las jornadas de la Palabra de Dios y la reconstrucción del pacto educativo global, promovidos para este año por el Sumo Pontífice.

En una iglesia sinodal, es responsabilidad de pastores y fieles, de educadores y promotores, de catequistas y agentes sociales, tomar la batuta de hacer de la lectura y de los otros medios formativos que se expanden a través de las nuevas tecnologías, para que universidades y escuelas, piensen y desarrollen este empeño evangelizador de un modo interdisciplinario e integrador (cf. EG 134).

¿Reconstrucción del Pacto Educativo en Venezuela? Un camino por recorrer

¿Reconstrucción del Pacto Educativo en Venezuela?  Un camino por recorrer
Licda. Carmen Amelia Reyes Liscano, Directora Ejecutiva del Departamento de Educación de la CEV

La invitación que en septiembre del 2019 hiciera el papa Francisco al mundo a Reconstruir el Pacto Educativo Global para con ello “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”, se convierte en un desafío para quienes, desde este contexto, seguimos sumando esfuerzos para educar en Venezuela, para nosotros es como una brisa fresca que viene a renovar el aliento de vida en la vocación educadora, tan desvencijada hoy día por la realidad que nos oprime.

Desde esta inspiración por la reconstrucción del pacto educativo global, hemos asumido desde el Departamento de Educación del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano, el compromiso de hacer alianzas desde esa misma I. Escucha paciente, II. Diálogo constructivo y III. Convergencia global, con todos aquellos que tengan responsabilidad educativa, proponiendo el Proyecto “Reconstrucción del Pacto Educativo en Venezuela”.

Estamos seguros que podemos convertir a Venezuela en una “Aldea de la Educación”, si aunamos esfuerzos desde lo que cada uno hace.
Para esta gran acción hemos invitado naturalmente a las instituciones católicas: Asociación Venezolana de la Educación Católica (AVEC), Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP), Instituto Venezolano de Capacitación de la Iglesia (INVECAPI), Centro de Reflexión y Planificación Educativa de la Compañía de Jesús (CERPE), Obras Misionales Pontificias desde el Servicio de Animación Misionera Escolar (SAME), Red Panamazónica (REPAM), Conferencia Venezolana de Religiosos y Religiosas (CONVER), Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano. Pero también en nuestro recorrido de animación, hemos invitado y queremos seguir incorporando a todos aquellos de quienes depende el camino educativo: educandos, familias, escuelas, educadores, Estado y sectores gubernamentales, sociedad, medios de comunicación, otras religiones y denominaciones cristianas, organizaciones no gubernamentales que trabajan en la educación; en fin hombre mujeres de buena voluntad, a fin de cuentas, si existe algo que nos conecte a todos, esto es el camino educativo.

El proyecto se está desarrollando en tres etapas, a saber:

  • Etapa I. Escucha Paciente.
  • Etapa II. Diálogo Constructivo.
  • Etapa III. Convergencia Global.

En enero de este año iniciamos una peregrinación presentado este proyecto a todo aquel que ha estado dispuesto a escuchar, hasta ahora lo hemos presentado, animados por la Pastoral Educativa y Universitaria, con la bendición de sus respectivos Arzobispos y Obispos en: Coro, Barcelona, Margarita, Barinas y Mérida; en comunión con los departamentos del SPEV lo hemos compartido con los directores diocesanos de Pastoral Familiar, a los delegados de comunicación de las diferentes diócesis del país y a los directores de Catequesis, todos reunidos en sus respectivos encuentros nacionales y con las instituciones afiliadas a la AVEC en su reunión mensual.

Todo este proceso de animación nos ha hecho descubrir lo importante que es poner la educación sobre la mesa en la Venezuela de hoy, una educación que responda a los cambios paradigmáticos de la sociedad, una educación capaz de generar nuevos lenguajes para poder dialogar con la metamorfosis cultural y antropológica que experimenta la humanidad.

El papa nos invita a “renovar la pasión”, hagamos juntos este camino que nos permitirá volver a encender el fuego en el corazón, hoy más que nunca debemos sentirnos desafiados a vivir las tres valentías que el pontífice nos ha presentado: 1. la valentía de poner a la persona en el centro, 2. la valentía de invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad, 3. la valentía de formar personas disponibles que se pongan al servicio de la comunidad. Lo he dicho en otras oportunidades, este proyecto de no es para cobardes, este proyecto requiere de personas dispuestas, disponibles, con corazón ardiente y capaces de descubrir que, haciendo caminos de comunión, podemos configurar a Venezuela como una Aldea de la Educación, donde educar es tarea de todos.

¿Tú estás dispuesto al compromiso? ¿Cómo es la realidad educativa en tu entorno? ¿Cómo sueñas la educación en Venezuela? ¿Qué estás dispuesto a hacer para que ese sueño sea realidad?


Lcda. Carmen Amelia Reyes Liscano
Departamento de Educación del SPEV
Directora Ejecutiva