0800-LAUDATO: Un llamado a la conciencia, ante la crisis ecológica actual

Por Herminio R. Bello Ordaz
Coordinador Nacional de Pastoral de Fundación La Salle de Ciencias Naturales

La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento (crisis ecológica) o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan“.

Laudato Si, 23

Recientemente conversando con mi hija menor sobre las nuevas tecnologías, le comentaba que antes que existieran los dispositivos o teléfonos inteligentes, había quien pidiera por alguna razón, que alguien lo despertará con una llamada. De seguro algunos de ustedes han tenido la oportunidad de viajar y hospedarse en un hotel o posada, y además solicitar a la recepción que en la mañana los despierten con una simple llamada telefónica. Como compañeros de viaje en esta gran aventura que se llama Reconstrucción del Pacto Educativo Global, les invito a estar atentos al llamado que Dios nos hace por medio del papa Francisco en su encíclica Laudato Si, para despertar nuestra conciencia ante la actual crisis ecológica.

Y es que a propósito de las reflexiones que se han generado en los ForoChat Hablemos de Educación y Pacto Educativo como espacios privilegiados de diálogo y encuentro, que lleva adelante el Departamento de Educación de la Conferencia Episcopal Venezolana, un aproximado de cuatrocientas (400) personas de diferentes estados de Venezuela y algunos países de Latinoamérica, hemos tenido la oportunidad de compartir diversas temáticas relacionadas a la Reconstrucción del Pacto Educativo. Un tema fundamental que se ha abordado, ha sido precisamente la encíclica Laudato SI.

En esta oportunidad, he querido puntualizar algunos elementos de vital importancia para seguir acrecentando nuestra conciencia ecológica, a partir de la reflexión del tercer capítulo de la encíclica Laudato Si, que trata sobre la Raíz humana de la crisis ecológica, que representa una clara exhortación para afrontar los desafíos que nos interpelan ante la problemática ambiental, y a la vez, una invitación permanente para colaborar en el cuidado de nuestro planeta. Y es justamente aquí, donde las acciones vividas por cada persona que habita en esta casa común, empiezan a ser cuestionadas para identificar hasta donde somos responsables de esta crisis ecológica.

Adentrémonos pues, en una sinopsis sobre las enseñanzas que el papa Francisco nos ofrece en este tercer capítulo de la encíclica Laudato Si, que como ya hemos dicho, hace referencia a la Raíz humana de la crisis ecológica. Comienza el papa Francisco, por develar que las causas profundas de la actual crisis ecológica, son principalmente, generadas por el ser humano. Tanto la degradación ambiental como la degradación social hunden sus raíces en tres causas vitales: la dependencia de la tecnología y su lógica de poder ilimitado, la globalización del paradigma tecnocrático, y una comprensión del ser humano desde un relativismo práctico.

Vamos a encontrar en la tecnología, dos caras de una misma moneda, por un lado su creatividad para el progreso, y por el otro lado sus ansías de poder ilimitado. Dice el papa Francisco que la tecnología debe estar al servicio de un progreso más sano, más humano, más social, más integral. Por el contrario la globalización del paradigma tecnocrático asume la tecnología desde un modelo que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad. Y ante esta cultura tecnológica, el papa Francisco presenta la cultura ecológica, que promueve a partir de ella una educación y una espiritualidad ecológica integral, que en articulación, conforman una resistencia ante el avance de la cultura tecnocrática.

Todo lo anterior se suscita por la comprensión del hombre desde el antropocentrismo moderno, que ha desplazado la realidad por la técnica, debilitando el valor que el mundo tiene en sí mismo. Frente al antropocentrismo moderno, el Papa Francisco advierte, que No habrá una nueva relación con la naturaleza, sin un nuevo ser humano”, porque “No hay ecología, sin una adecuada antropología”. Podemos aseverar que la visión del hombre moderno está caracterizada por un relativismo práctico, donde el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, y todo lo demás se vuelve relativo. El papa Francisco expone que es necesario una verdad objetiva, y unos principios universalmente válidos, para superar este relativismo práctico.

Por su parte, la comprensión moderna del trabajo ha quedado desvirtuada y reducida a mera productividad, y solo búsqueda de beneficio económico. Para el papa Francisco, el trabajo es la manera en que el hombre, transforma la realidad existente para ayudar a brotar las potencialidades que Dios mismo colocó en las cosas. Así mismo, los riesgos de la investigación biológica y la manipulación genética  vienen dados por su aplicación inadecuada y excesiva. En ese orden de ideas, expresa el Papa Francisco en la encíclica, que la técnica separada de la ética, difícilmente será capaz de autolimitar su poder, por lo cual es necesario unir la técnica a la ética.

Por último el papa Francisco afirma que la crisis ecológica es una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, y no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano. Así mismo, nos recuerda que no todo está perdido, porque los seres humanos somos capaces de degradarnos hasta el extremo, pero también podemos sobreponernos, volver a optar por el bien, y regenerarnos más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales.

Después de compartir algunas pinceladas de los apartados del tercer capítulo de la encíclica,  sigamos profundizando y formulemos algunas interrogantes, que incentiven nuestra reflexión e interpelen nuestra praxis cotidiana, porque la conciencia ante la gravedad de la crisis cultural y ecológica, necesita traducirse en nuevos hábitos.

  1. ¿De qué manera consideras que contribuyes (positiva o negativamente) a la crisis ecológica actual? ¿Estás dispuesto a reconocer las omisiones o las faltas cometidas?
  2. ¿Qué mundo esperas dejar a las futuras generaciones? ¿Te comprometes a iniciar tu conversión ecológica y restablecer una relación armoniosa con la naturaleza?
  3. ¿Qué acciones concretas propones realizar para promover una conciencia de respeto y cuidado por la naturaleza, que ayuden a resolver la crisis ecológica actual?

Finalmente, podemos decir que vivimos en un mundo que nos cautiva, no tanto por los grandes acontecimientos que nos presenta, sino por las grandes sensaciones que cotidianamente nos brinda. Todos conocemos las posibilidades de la tecnología moderna por medio de las imágenes y sonidos que ofrece, y como seduce especialmente a las nuevas generaciones. Una de las grandes cualidades del mundo de hoy, cada vez más globalizado y secularizado,  es que favorece el individualismo y el intimismo. Por eso, nuestro constante desafío, debe ser salir de nosotros mismos, para centrarnos en Dios y en su plan de salvación a favor de la humanidad.

No vaya a pasar, como a aquel hombre que orando le pedía a Dios diciendo: Dame fuerzas para cambiar el mundo, e iba al mundo y no cambiaba nada. Después volvía nuevamente, oraba y decía: Dame fuerzas Señor para cambiar a mi familia, amigos, vecinos; y no cambiaba absolutamente nada. Al final se dio cuenta, regreso y oro con humildad y le dijo al Señor desde la serenidad de su corazón: Señor dame fuerzas para cambiar, porque no son los demás los que deben cambiar, soy yo el que debe cambiar. Y desde ese momento empezó a dar fruto su trabajo, porque el cambio había empezado en su corazón. Aún en la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada también por el influjo de otras religiones. Por eso primero pidamos a Dios nos conceda el don de discernimiento.

Ciertamente los problemas ambientales no pueden resolverse de forma aislada, todos debemos contribuir y ser partícipes de la solución. Recordar que no estamos solos, que soñar juntos nos permite mirar el presente con esperanza, lo que nos da la certeza de otro mundo posible. Y es que compartir los sueños, nos impulsa a dar los primeros pasos para reconstruir el pacto educativo. En nuestro país, esto nos exige a todos pensar en el bien común y avanzar en un camino de diálogo, que requiere sobre todo paciencia, dedicación y entrega. Por esta razón, es más urgente que nunca, que nuestras familias, escuelas y comunidades se conviertan en auténticos espacios privilegiados de encuentro. Poner en práctica la actitud sugerida por el Papa Francisco de escucha paciente, dialogo compartido y mutua comprensión, que permita elevar nuestra conciencia crítica cristiana, en favor de nuestros hogares, nuestros trabajos y la sociedad en general. La idea, es poder recapacitar acerca de la gravedad de la realidad ecológica actual, de la manera como nos relacionamos con el mundo, y tomar conciencia, que formamos parte de una comunidad global.

Podemos reconocer en esta crisis ecológica, un llamado de emergencia para redescubrir la fe que nace de los acontecimientos salvíficos que Dios en su pedagogía de amor nos va ofreciendo, nos interpela, y permite descubrirlo en lo cotidiano. No cabe duda que la tecnología ha hecho obsoletas algunas cosas, pero otras como la fraternidad y la solidaridad, son virtudes que el mundo necesitará siempre. En la constante agitación de nuestra vida cotidiana, nos hemos olvidado de todo esto, presumo que solo necesitábamos para despertar a esta realidad, un llamado a la conciencia: 0800-Laudato, una línea ecológica celestial, de cobertura universal, disponible los 365 días del año, las 24 horas del día, con saldo ilimitado totalmente pago.

Y ahora qué? Hacer vida el llamado de Dios, asumiendo un compromiso personal y comunitario, para cultivar juntos el sueño de un humanismo más fraterno y solidario, que responda al plan salvífico de Dios para la humanidad. Bendigamos a Dios Padre Creador, porque nos concede el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra, y por su providencia divina la enriquece y produce cosecha abundante; que la semilla de la conciencia que ha sido sembrada hoy en nuestras mentes y corazones, permita participar de la plenitud de la vida y demos frutos en abundancia. Que María de Coromoto nos acompañe y proteja con su amor maternal.

Homilía encuentro del Departamento de Educación. 31 de enero 2020

Homilía encuentro del Departamento de Educación. 31 de enero 2020

Gerardo Salas, sacerdote católico

Todo momento es una oportunidad para pensar, reflexionar y asumir retos, desafíos en bien del Reino de Dios. Congregarnos en torno al Señor es poder celebrar con gratitud, el testimonio de San Juan Bosco, cristiano  con visión de Iglesia, que dedicó su vida a formar a tantos jóvenes en pro de una sociedad mejor y de una Iglesia más evangelizadora; por ello lo recuerda hoy la Iglesia en su liturgia. 

Comenzaría esta reflexión dejándonos interpelar ¿Cuál es la virtud que Usted cree que más necesita?, tal vez haciendo esta pregunta encontraremos que el gran número de personas suelen decir yo necesito tener mayor paciencia, otros dirán yo he perdido totalmente la confianza, he perdido la confianza en la familia, en mí mismo. 

La paciencia y la confianza son dos virtudes que no son muy abundantes hoy en día y son tan necesarias, estas virtudes, esa paciencia y esa confianza están muy bien descritas en el evangelio de hoy.

Porque Cristo nos está hablando de una semilla, una semilla que se siembra, que va creciendo a su propio ritmo. Sin embargo en nuestras vidas nos aborda realidades que nos impide valorar el ritmo de las cosas, nos salta la angustia, la desesperación, la ansiedad, el estrés, entre otros, No obstante, vemos como  Cristo nos  advierte que  con gritarle a la semilla, echarle más agua, más agua y más agua, si juntar la semilla con el abono, halar la semilla para que crezca, nada de esto va a dar buenos resultados. El mundo de la agricultura nos enseña muchas cosas prácticas y una de las cosas que nos enseña es la paciencia; la paciencia y la confianza en lo que va a suceder. Una enseñanza preciosa  la que Jesús nos da. 

Hay momentos en que los cristianos tenemos que parar en nuestra actividad evangelizadora y considero que es el objetivo de este encuentro, para entender que tal vez dormir de noche, tal vez, discernir pausadamente, podrá entenderse mejor que “la semilla germina y va creciendo sin que el sembrador sepa cómo”, es la respuesta a muchas preocupaciones en la tarea a desarrollar en este departamento.

Ustedes estos días están de alguna manera recogiendo los frutos sembrados por otros, pero se hace apremiante, oxigenar la tierra desde la experiencia del rotar de nuevo el terreno para sembrar nuevas semillas, esto nos lo enseña el sembrador, si no el terreno se cansa y puede llegar a la aridez, por ello es oportuno ver nuevos frutos para la generación de hoy y del mañana, sin omitir la experiencia del pasado, el esfuerzo y la constancia de quienes sembraron en nosotros tanto la paciencia y la confianza, de llevar adelante en esta realidad país, un nuevo amanecer educativo, que transforme y dé esperanza a una sociedad nueva al estilo de Jesús, adelantándose a las necesidades de las futuras generaciones.

Cuidado con la tentación del quedarse mirando el pasado, ello puede estancar los procesos que pueden hacer cambiar el rumbo del hombre de hoy y se pueden convertir solo en eventos bonitos y maquillados que adormecen  o anestesian el camino del progreso formativo.

El Papa Francisco el (25-06-18) expresó “Solo cambiando la educación, se puede cambiar el mundo. Para hacer esto es necesario las siguientes sugerencias: hacer red, no dejarse robar la esperanza y buscar el bien común”

“Un programa de pensamiento y de acción basado en principios” que “podrán contribuir, a través de la educación, a la construcción de un provenir en el cual la dignidad de la persona y la fraternidad universal sean los recursos globales a los que todo ciudadano del mundo pueda acceder”.

Continua el Papa señalando que para hacer eficaces los proyectos educativos, estos deben obedecer a tres criterios esenciales: identidadcalidad y bien común.

La identidad —afirma el Pontífice— exige coherencia y continuidad con la misión de la escuela, de la universidad y de los centros de investigación nacidos, promovidos o acompañados por la Iglesia y abiertos a todos. “Estos valores son fundamentales para insertarse en el surco trazado por la civilización cristiana y por la misión evangelizadora de la Iglesia. Con ella podrán contribuir en indicar los caminos a seguir para dar respuestas actuales a los dilemas del presente, teniendo una mirada de preferencia por los más necesitados”.

Otro criterio esencial es la calidad —afirma el Santo Padre—. Este es el faro seguro para iluminar toda iniciativa de estudio, investigación y educación. Esta es necesaria para realizar alianzas de excelencia interdisciplinares que son recomendadas por los documentos conciliares.

No puede faltar el objetivo del bien común —afirma el Papa Francisco—, y este no es fácil de definir en nuestras sociedades marcadas por la convivencia de ciudadanos, grupos y pueblos de culturas, tradiciones y credos diferentes. Se necesita ampliar los horizontes del bien común, educar a todos a la pertenencia de la familia humana

El Papa Francisco (8-6-19) explicó que actualmente se da una deconstrucción del humanismo y para enfrentar esa situación “necesitamos la sinergia de las diferentes realidades educativas. La primera es la familia, como lugar donde se aprende a salir de sí mismo y ‘a ponerse delante del otro, a escuchar, a compartir, a soportar, a respetar, a ayudar, a vivir juntos’”.

El Pontífice explicó que las instituciones educativas católicas tienen la misión de ofrecer horizontes abiertos a la trascendencia, porque la educación católica ‘marca la diferencia’ al cultivar valores espirituales en los jóvenes”.

“El educador debe ser competente, cualificado y, al mismo tiempo, rico en humanidad, capaz de estar con los alumnos para promover su crecimiento humano y espiritual. El educador debe unir en sí mismo las cualidades de la enseñanza y la capacidad de atención y cuidado amoroso de las personas. Para ambos aspectos es necesaria una formación permanente, que ayude a los profesores y líderes a mantener su profesionalidad y, al mismo tiempo, a cuidar su fe y su motivación espiritual”.

Para el Papa Francisco, “otro peligro que amenaza la delicada tarea de la educación es la dictadura de los resultados. La cual considera a la persona como un objeto ‘laboratorio’ y no tiene interés en su crecimiento integral. También ignora sus dificultades, sus errores, sus miedos, sus sueños, su libertad”.

“Este enfoque –dirigido por la lógica de la producción y el consumo– pone el énfasis principalmente en la economía y parece equiparar artificialmente a los hombres con las máquinas. Para superar este obstáculo es necesario poner a toda la persona en el centro de la acción educativa”.

 Ante esto San Pablo nos recuerda: “Pablo plantó, Apolo regó, pero el que da el crecimiento es Dios”. Dejemos a Dios hacer su tarea, que es la principal. Hagamos la nuestra: sembrar, abonar, cuidar la tierra sembrada, acoger a Cristo, cultivar la amistad con Él, seguir sus indicaciones, predicar y ser testigos de su evangelio, dormir, descansar. Sembrar es la tarea de todos para poder reconstruir.

Desde esas grandes virtudes de la paciencia y la confianza; el nuevo desafío que el Papa Francisco está confiando al campo de la educación, es precisamente,  “reconstruir el pacto educativo global”, dice el Pontífice “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

Al inicio de este milenio, recuerda el Papa San Juan Pablo II en la carta apostólica Novo millennio ineunte, el gran desafío de la Iglesia consiste en “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión” (n. 43). Para que el apostolado dé frutos de bien, es indispensable que las comunidades vivan un espíritu de fraternidad mutua y real. Para realizar un único proyecto educativo y pastoral, es necesario que todas las comunidades estén unidas por un firme espíritu de familia. Que cada comunidad sea verdadera escuela de fe y de oración abierta a los jóvenes, donde sea posible compartir sus expectativas y dificultades, y responder a los desafíos que deben afrontar los adolescentes y los jóvenes.

Concluyo animando a todos ustedes a seguir creyendo en las capacidades y potencialidades que Dios les ha dado para llevar adelante la tarea desafiante de educar para la vida, para un mejor mañana, para una mejor Venezuela más humana y más fraterna.

Así sea.